Por caída manufacturera en EU y de la inversión en México: Los servicios, sin el impulso de años previos

POR MACARIO SCHETTINO

Al momento de escribir estas líneas, no parece haber mucha posibilidad de que se apruebe el nuevo acuerdo comercial con Estados Unidos y Canadá, por mal nombre, TMEC(1). Como se sabe, la renegociación del NAFTA(2) fue provocada por Donald Trump, en su ánimo de reducir el comercio, que no le gusta, aunque tenía la posibilidad de actualizar muchos temas que no existían en la negociación de 1992, y que hoy son relevantes.

Al final, el documento parece estar en medio de los dos objetivos: Actualiza y frena. Canadá y México aceptaron lo negociado, aunque queda claro que será más difícil comerciar en algunos temas, específicamente industria automotriz. Tengo la impresión que ese tema, precisamente, será el que más rápido envejezca, por la gran transformación que vivirá esa industria en los próximos meses y años, pero teniendo enfrente a Donald Trump, no se puede pedir mucho.

El asunto es que el TMEC se quedó atorado por meses en la Cámara de Representantes, de mayoría demócrata, y hoy se mezcla con el proceso de destitución, que ayer fue anunciado formalmente por la presidenta de la cámara, Nancy Pelosi. Cuánto ese proceso reduce o amplía las posibilidades del TMEC, no es fácil saber.

Por otro lado, el líder de AFL-CIO, Richard Trumka, quien había asegurado que el TMEC no sería aprobado antes de Thanksgiving(3), ahora ha elevado varias peticiones inaceptables para México, incluyendo la idea de verificar el cumplimiento de las leyes laborales mexicanas con inspectores estadounidenses, operando en territorio nacional.

La intención de modificar el TMEC en los últimos momentos es una táctica inaceptable, en principio. Para eso se negoció por muchos meses, y lo que hay debe aprobarse o desecharse, sin querer ganar ventajas al cierre. Esto, sin embargo, ocurrió también en 1993, cuando Estados Unidos logró agregar un par de acuerdos paralelos al NAFTA (laboral y ambiental), además de concesiones a representantes específicos, en cartas de intención o arreglos adicionales. Ahora las peticiones son mucho mayores, y por lo mismo menos susceptibles de llegar a buen puerto.

En unos días más sabremos si hay o no TMEC. Si no se aprueba, seguiremos con NAFTA. Eso, si Trump no decide amenazar nuevamente con su denuncia. En el entorno de enfrentamiento que se vive en Estados Unidos, creo que nada debe calificarse de imposible.

¿Cómo nos afecta? Bueno, la aprobación del TMEC establecería un marco de referencia claro, que debería durar varios años, de forma que muchas empresas podrían tomar decisiones. Sin él, quedamos en un limbo en el que se aplica NAFTA, pero sin saber por cuánto tiempo. En algunas industrias no hay diferencia de fondo, pero en otras sí, como en automotriz, donde la forma de calcular el contenido nacional es muy diferente. Sin TMEC, quedaría en duda si para 2021 entraría en vigor, si podría ser renegociado (con un presidente distinto a Trump), o si de plano el mismo NAFTA se pone en duda.

Es posible que la aprobación del TMEC se refleje en un mayor flujo de inversión extranjera, pero no esperaría yo que muy significativo. El impacto más importante, me parece, sería a partir de 2021, y para eso falta un buen rato. Creo que la insistencia del gobierno mexicano de que con el TMEC habría mejores condiciones económicas ha sido inadecuada. De algo ayuda, sí, pero no tanto.

Así que, con o sin TMEC, el próximo año va a ser complicado. Sigue cayendo la industria manufacturera en Estados Unidos, seguimos sin recuperar la inversión en México, el petróleo no se deja, y los servicios ya perdieron el impulso que traían de los años previos. No dudo que el gobierno culpe a la falta de TMEC el mal arranque que tendrá nuestra economía en 2020. No se deje engañar.— (Tema de la columna “Fuera de la caja”, publicado en la web del diario “El Financiero” con el encabezado ”¿Habrá o no?”-6-XII-2019)