México, acorralado en la encrucijada de tener que firmar un T-MEC adverso: Se derrumba “un sueño de hadas”

POR VIANEY ESQUINCA

El Presidente Andrés Manuel López Obrador fue el principal promotor del acuerdo comercial para sustituir al TLC. Como ningún otro gobierno, urgió, presionó, pidió, mandó mensajes de la necesidad de concretar el T-MEC que llevaba dos años de negociaciones.

Su deseo se cumplió el 10 de diciembre. El tabasqueño atestiguó como la viceprimer ministra de Canadá, el representante Comercial de Estados Unidos y el subsecretario de Relaciones Exteriores y casi casi héroe nacional, Jesús Seade, firmaron el tratado en el Palacio Nacional. Un sueño de hadas, que haría palidecer de envidia a Cenicienta.

¿Por qué la necesidad imperiosa de firmar el T-MEC? Porque las condiciones económicas que atraviesa México lo requiere. Entonces el Gobierno mexicano se dejó llevar por el canto de las sirenas, o más bien, por el infocomercial que le recetaron los estadounidenses:

 “¿Cansado del nulo crecimiento en tu país? ¿Estancamiento económico? ¡No te preocupes más! presentamos el nuevo T-MEC, un asombroso acuerdo que elimina la necesidad de generar desarrollo interno porque ¡todo te viene de afuera!”, “¿me estás diciendo que no tendré que decir que no importa el crecimiento económico, sino el desarrollo?”, “¡exacto!, gracias al T-MEC vas a atraer mucha inversión de todas las partes del mundo, mejorarán las condiciones laborales en beneficio de los obreros, aumentarán los salarios y se crearán miles de empleos. Pero espera, ¡aún hay más! las calificadoras y analistas modificarán sus estimaciones del país a rangos más positivos. Llama ahora y obtendrás completamente gratis, escuchaste bien, completamente gratis, agregados laborales. Esta oferta es únicamente para México”.

Sí, la desesperación hizo que el Gobierno llamara y firmara, festejara, enviara al Senado el TMEC para su aprobación inmediata. Querían poner el ejemplo dijeron. Misión cumplida se regocijaron. Ante tanta felicidad ¿qué podía salir mal?

Sin embargo, algo no estaba bien y lo que no es lógico, es metálico. ¿Por qué Estados Unidos “cedió” a todo lo que le había pedido México si ellos no eran a los que les urgía la firma del tratado? ¿Por qué los demócratas salieron a festejar la firma del tratado si ellos no lo querían, e incluso la legisladora estadunidense Nancy Pelosi dijo “nos comimos su lunch”? ¿El lunch de quién se comieron?

Al día siguiente de la firma, versiones periodísticas consignaron que dentro de las letras chiquitas se había establecido la figura de agregados laborales quienes supervisarían —en territorio mexicano— que el país cumpliera sus obligaciones. Los medios mexicanos no fueron los únicos que hablaron de esa figura. Al parecer, todos en Estados Unidos lo sabían y lo daban por hecho. Sin embargo, la Secretaría de Relaciones Exteriores lo negó, el propio Presidente señaló que no permitiría que hubiera medidas de intervencionismo.

Pero llegó el sábado y cayó la bomba. El subsecretario Seade tuvo que grabar un video señalando básicamente que se habían aprovechado de su nobleza.

El funcionario comentó que se presentó al Congreso de los Estados Unidos la iniciativa de ley de implementación del T-MEC como parte del proceso de aprobación que se tiene en el país vecino. Esa ley, dijo Seade, contempla la designación de… de… efectivamente ¡agregados laborales estadunidenses! con la responsabilidad de monitorear la implementación de la reforma laboral que está en curso en México. Añadió que esa iniciativa no fue consultada con México, que no estaba de acuerdo, y que iría a Washington a reclamar.

Así pues, el cuento de la firma del T-MEC no acabó con el “y vivieron felices para siempre”, sino que, incluso, el cuento se les puede acabar a algunos.- (Tema de la columna “La inmaculada percepción”, publicado en la web del diario “Excelsior” con el encabezado “Lo chamaquearon” y el sumario “¿Por qué la necesidad de firmar el T-MEC? Porque las condiciones económicas que atraviesa México lo requieren” – 15/XII/2019)