Si no se da, mayores recortes presupuestales o contratación de nueva deuda a mediados de 2020

POR EZRA SHABOT

El apuro por firmar el T-MEC por parte de México se debió fundadamente a la debilidad de la posición de nuestra economía frente al gigante norteamericano.

Wind farm and nuclear power plant

Durante 25 años de aplicación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) nos vimos beneficiados por una visión altamente liberal y globalizadora que privilegiaba la competitividad de la región, sobre la defensa de intereses particulares de grupo o sector dentro de cada país integrante del bloque.

La llegada de Donald Trump al poder y su proyecto proteccionista cambió de tajo la perspectiva del modelo regional.

Con la intención de reforzar a su base electoral, el Presidente de Estados Unidos presionó en favor de medidas menos competitivas, pero más vinculadas a favorecer a los sectores metalúrgicos y otros ligados a la industria local de EU.

La presión ejercida por los demócratas para atender sus demandas con relación a temas laborales, dio la oportunidad a Donald Trump y Robert Lighthizer de aumentar las exigencias en torno a la industria automotriz y el acero.

Los negociadores mexicanos, encabezados por el subsecretario para América del Norte de la Secretaría de Relaciones Exteriores, Jesús Seade, realizaron un extraordinario esfuerzo negociador para postergar lo más posible medidas laborales y de reconversión industrial imposibles de llevar a cabo en el corto plazo.

A pesar del engaño en lo referente al tema de los Agregados Laborales, lo más importante de estos compromisos y del propio Tratado en su conjunto son las restricciones que impone para hacer prácticamente imposible la cerrazón de la economía mexicana como lo plantean ciertos funcionarios de la 4T y dirigentes de Morena.

Lo que suceda en el sector energético a principios del próximo año será la demostración de qué se quiere hacer en función de lo firmado en el T-MEC. Si en la exploración y explotación de petróleo, así como en la producción y distribución de gas y electricidad se mantiene el esquema de licitaciones abiertas al capital privado nacional y extranjero, el gobierno se estaría alineando a la vía de apertura comercial e integración regional, independientemente del proteccionismo miope de Trump, y alejándose así de políticas económicas incosteables y generadoras de desequilibrios financieros catastróficos.

Si por el contrario durante el próximo año se mantiene la línea de no apertura en el sector energético, los recursos públicos para garantizar la producción petrolera esperada serán insuficientes, y para mediados de año nos veremos obligados a mayores recortes presupuestales o a la contratación de nueva deuda.

Abrir las puertas a la inversión privada nacional y extranjera en petróleo, gas y electricidad recuperaría gran parte de la confianza perdida, y alejaría los temores de un inviable retorno al nacionalismo revolucionario de antaño– (Tema de la columna “Línea Directa”, publicado en la web del diario “El Heraldo de México”, de CDMX, con el encabezado “Cambiar la jugada” y el sumario “Trump y su proyecto proteccionista cambiaron de tajo el modelo regional” -19/XII/2019)