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Complejas es el mejor adjetivo para definir lo cruciales que son las conversaciones sore migración entre Estados Unidos y México.

Su duración, de pocas horas y en una sola sesión en la mayoría de las veces, no sirve para calibrar su verdadera importancia.

Desde luego, hay reproches, dimes y diretes y hasta fuertes discrepancias en las reuniones bilaterales en las que se discute el tema migratorio, los cuales son minimizados en los comunicados oficiales.

Uno de estos últimos diálogos –inútiles, de sordos, según algunos— tuvo lugar en Palacio Nacional de Ciudad de México el miércoles 27 de diciembre del agonizante 2023.

Encabezaron las respectivas delegaciones el secretario de Estado Anthony Blinken, jefe de la diplomacia estadounidense, y el mandatario mexicano Andrés Manuel López Obrador.

Es casi seguro que muy poco se sabrá del contenido de estas negociaciones y que un lenguaje bastante diplomático se utilizará para esconderlo.

Sin embargo, su importancia radica en el hecho de que se realizan en tiempos que, por lo general, los gobiernos y las comunidades utilizan para el reposo de sus alfiles, es decir, el feriado de fin de año.

Ahora, en la reunión del 27 de diciembre. Estados Unidos y México doraron la píldora anunciando que crearán otro grupo de trabajo –la famosa comisionitis–, para discutir el tema migratorio.

Occidente, por cierto, vive ahora una situación diferente por los conflictos que representan los enfrentamientos de Rusia con Ucrania y el ya crónico de Israel con los palestinos.

Ambos elementos han servido para incrementar el flujo migratorio en por lo menos un millón de personas más.

Y al renunciar a vivir en la tierra que los vio nacer, adónde se van a dirigir esos migrantes sino a los escasos oasis de bienestar y de oportunidades que hay, sobre todo, en Norteamérica y porciones de Europa Occidental.

 

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