Asilo político al expresidente boliviano, Evo Morales, aunado al obsequio de libertad a hijo de “El Chapo” Guzmán, “regalazo” del gobierno mexicano al presidente estadounidense Donald Trump porque ambos sucesos le cayeron como anillo al dedo a éste para enjaretarle a nuestro país la etiqueta de “narco-Estado”

RAYMUNDO SÁNCHEZ PATLÁN

Cerró la pinza para garantizar el sometimiento de la cuatroté al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, la decisión de asilar a Evo Morales, ponerle residencia en la exclusiva ciudad de San Miguel de Allende, Guanajuato; 14 guardaespaldas, camionetas blindadas, CURP y una dieta mensual de 187 mil pesos, que salen de los bolsillos de los 256 diputados federales y 60 senadores de Morena, a razón de 500 pesos cada uno.

El regalo perfecto que permite a la administración de míster Trump permear la narrativa de que el gobierno de México no sólo está rebasado por los cárteles criminales, sino que protege y “convierte en un héroe de uno de los capos más grandes de América”, como escribió la influyente columnista del diario The Wall Street Journal, Mary Anastasia O’Grady, el pasado 17 de noviembre. Era lo que faltaba al magnate estadounidense: ya el gobierno mexicano le había obsequiado el 17 de octubre la liberación de Ovidio Guzmán, hijo del líder del cártel de Sinaloa, Joaquín “El Chapo” Guzmán, preso en Estados Unidos; y después la masacre de nueve miembros de la familia LeBarón (de nacionalidad estadounidense), entre ellos seis menores, le puso la mesa para ver a México como amenaza “terrorista”.

No es casual que los miembros de la familia LeBarón radicados en el vecino del norte solicitan a la Casa Blanca, igual que los senadores republicanos Lindsay Graham y Mike Lee, atacar a los cárteles mexicanos de la forma en que se combate a Al Qaeda o al ISIS, porque los narcos mexicanos “buscan poder político para crear un narco-Estado”.

Si con los casos Ovidio y LeBarón, Estados Unidos estaba maniatado para señalar directamente a la administración de Andrés López Obrador de dar protección a cárteles, el asilo al boliviano le cayó como anillo al dedo para soportar esa versión y enjaretarle mediáticamente la etiqueta de narco-Estado.

Porque Evo Morales, quien se aferró 14 años en la presidencia de Bolivia, es visto en la tierra del Tío Sam como líder del sindicato cocalero: “(como presidente) Siguió siendo jefe de la federación de cocaleros…, como presidente, Morales procuró un auge en el negocio boliviano de cocaína”, y “en 2011, la policía reprimió a la población indígena del Amazonas cuando marchó contra su plan de abrir nuevas áreas de cultivo de coca en tierras ancestrales protegidas”, dice O’Grady.

“Morales convirtió a Bolivia en un narco Estado en toda regla. La estrategia fue tan exitosa, que las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, conocidas como FARC, trabajan para replicarlo”, añade.

Por ahí vendrá la presión de Trump hacia México, por el tema del narco-Estado y el terrorismo, y se sabe que EU no negocia con terroristas.

El pretexto perfecto para que el magnate insista en la necesidad de cerrar la frontera, y convertir esa amenaza en asunto de seguridad nacional…, y bandera de campaña para su reelección.- (Tomado del “Heraldo de México” – 26/11/2019)

Todo, cortesía de la cuatroté.

*) Los puntos de vista y las opiniones expresadas en este artículo son las del autor y no reflejan de forma necesaria la política editorial o posición de HECHO DIGITAL