Luego de dos días de “desaparición” y rumores de que había sido hospitalizado al agravarse de Covid-19



Esta tarde del martes 26 de enero se cumplieron 48 horas de la “desaparición” deliberada del Presidente Andrés Manuel López Obrador desde que confesó, vía Twitter el domingo 24, que había contraído el Covid-19.

Tal ausencia –inédita en un mandatario que acostumbra estar comunicado con sus gobernados de forma cotidiana, vía presencial o virtual–,  llama sobremanera la atención por haber enfermado de un mal que podría poner en peligro su vida.

Con múltiples ejemplos a la vista de personalidades aniquiladas por el Covid-19 en cuestión de días, es lógico que haya quienes piensen, con fundadas presunciones, que el mandatario está más grave de lo que se dice.

Y lo peor de todo es que, escudado en un Gobierno que niega toda versión de la presunta gravedad del mandatario, nadie hasta la noche de este martes 26 de enero ha ofrecido pruebas fehacientes para pensar lo contrario.

Basado en la premisa de que el que dice algo debe probarlo con hechos:

♦ Nadie ha visto a López Obrador –salvo, claro está, su entorno más cercano– desde que regresó el pasado domingo 24 de San Luis Potosí, en un vuelo comercial de Aeroméxico, con los primeros síntomas del Covid-19.

♦ Sólo se han difundido dos fotos del mandatario, al parecer de archivo, para ilustrar una supuesta charla telefónica  del Presidente mexicano con su colega ruso.

Así las cosas, hasta este martes los medios informativos han tenido que conformarse con comentarios como “está fuerte y ya se recupera” y “está de buen humor” que no son respaldados por videos o fotos del lugar donde está confinado el Presidente, en Palacio Nacional.

López Obrador ha prometido que a partir de este miércoles 27 se informará con detalles de su estado de salud, pero hasta no ver no creer.

Por de pronto, las redes sociales dieron un adelanto de su influencia presentando al amanecer de este martes dos noticias falsas que alarmaron a todos:

Primero, que López Obrador había sido hospitalizado, lo que se interpretó de inmediato como un agravamiento de su estado de salud.

Segundo, que el mandatario se agravaba pese a haber sido vacunado

Ambas versiones fueron desmentidas con energía y a duras penas por su portavoz y la titular de Segob, Olga Sánchez Cordero, su reemplazante en las mañaneras.

Y seguramente más mentiras volverán a esparcirse como rumores o medias verdades si el equipo de López Obrador no proporciona información creíble o imágenes convincentes de que está mejorando su  salud.

Mientras tanto, la incertidumbre sigue cundiendo en círculos de Gobierno por esa perniciosa costumbre de que en este país “ni una hoja se mueve si no lo ordena el señor Presidente”.

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Ilustración de portada, cartón de la autoría del  MONERO RAPE, cuyos trabajos publica el periódico “Milenio”, de Ciudad de México



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