“La que se ha ido rompiendo de tantas desatenciones, de tanta falta de amor”, opina periodista del tiroteo en Torreón

POR FRANCISCO RODRÍGUEZ(1)

La infortunada maestra del Colegio Cervantes de Torreón

Un menor que cursaba el sexto año de primaria llevó dos armas en su mochila, se sentó, pidió ir al baño, salió y en el baño se cambió de ropa para salir a matar, según la versión de las autoridades de Coahuila. Y lo hizo: mató a la maestra María Assaf Medina , hirió de bala a cinco estudiantes y un profesor de educación física. Después se suicidó. Tenía 11 años. 

La noticia sacudió a la región, al Estado, al país, al mundo. ¿Cómo puede un niño cargar dos armas y salir a matar?

La Red por los Derechos de la Infancia en México (Redim) señala que los hechos en Torreón “no pueden verse ajenos a la cultura de militarización que ha dejado la fallida estrategia de seguridad, lo que ha llevado a un flujo masivo de armas, a disposición de familias que buscan protegerse ante contextos de gran violencia”. 

¿Qué salió mal? ¿En qué momento se jodió la vida? ¿Quién asesinó a la maestra? ¿Quién o quiénes le fallamos al niño de sexto de primaria?

Semanario(2) abre la lupa sobre lo que piensa la gente, intelectuales, catedráticos, políticos, ciudadanos de a pie. Las respuestas coinciden en que el culpable somos todos, la sociedad, nosotros, tú, yo, él, ella. ¿Pero, y luego?

También recordamos qué ha pasado en una década para entender lo que hemos dejado de hacer.

De las redes sociales:

  • ¿Cómo llegaron esas armas tan potentes a tus pequeñas manos? ¿Cómo aprendiste a usarlas? ¿Quién te entrenó? Son preguntas que los fiscales y peritos se hacen, pero yo me hago unas que van antes de todas estas. ¿Alguien te dijo que te amaba hoy por la mañana? ¿Alguien te dijo que eras importante? ¿Alguien te hizo sentir especial?… (Jesús Rojas Rivera, columnista).
  • Hay que hacer operativo mochila, pero de la otra mochila, la que se va cargando de emociones, de sentimientos. La que se ha ido rompiendo de tantas desatenciones, de tanta falta de amor (Óscar Jiménez, periodista).
  • Cuando reflexionemos sobre lo sucedido en el #ColegioCervantes en Torreón, no olvidemos estas imágenes de un niño disfrazado de sicario en día de muertos, no olvidemos toda la cultura de la violencia que se vive en México, que se reafirma con el consumo de medios digitales (UNAM Social, Twitter). 
  • No hay evidencia de que el programa “mochila segura” sirva para hacer más seguras las escuelas. Sirve para decomisar condones, pastillas anticonceptivas y cómic. (Catalina Pérez Correa(3), Twitter).
  • Qué fácil es echarle la culpa a los videojuegos y no a nosotros mismos como sociedad (Paola Amaro, Twitter).
  • ¿Qué clase de núcleo familiar se debe tener para que un niño de 11 años lea y analice una matanza de 1999 en Columbine y se “inspire”, planee y lleve a cabo un tiroteo? Estamos jodidos como sociedad, amigos. Estamos jodidos. (Xavier Padilla, Twitter).
  • Lamentamos profundamente los hechos ocurridos en el Colegio Cervantes de Torreón, Coahuila. Es de vital importancia terminar con la cultura de violencia y regular el acceso a las armas para que hechos como éste nunca más se repitan (ONU Noticias, México).
  • No nos dejemos engañar, no es culpa de los videojuegos o de AMLO, voltea a verte a ti mismo como padre o como madre, voltea a ver a tu familia, a tus vecinos, a tus amigos y a tu comunidad antes de hablar (RedBone4t, Twitter).
  • Una muestra de la degradación de nuestra sociedad es lo sucedido en el #ColegioCervantes. También es una prueba de que las conductas antisociales se incuban en casa. Lo curioso es que nadie quiere escuchar de valores morales. Más aún, se burlan de quienes los promueven (Verónica Islas, Twitter).
  • Es lógico que las respuestas inmediatas sean superficiales. Corresponden a la realidad individualista y mercantil en la que participamos sin un ápice de criticidad o conciencia. Es consistente con nuestra costumbre de mirar hacia fuera y rara vez investigar adentro (Talía Romero, Twitter).
  • Urge reflexionar y tomar medidas para reconstruir nuestro tejido social y que nuestros niños y niñas tengan amor, atención y la oportunidad de una vida digna y feliz (Arturo Zaldívar, ministro de la Suprema Corte de Justicia, a quien observamos en la fotografía de arriba).
  • ¿Pero quién pensaría que en Torreón, Coahuila, donde todavía los padres buscan huesos de sus hijos en los campos de exterminio de los Zetas, existiera una cultura bélica? ¿Verdad? ¿Cuántos morritos en Sinaloa a los 9 ya sueñan con ser narcos? Eso somos. Y duele. (Junne, Twitter).
  • Lamento lo acontecido en Torreón: signo de la importancia de recomponer nuestro tejido social y de la imperiosa necesidad de impulsar un mejor control sobre las armas de fuego. (Senador Ricardo Monreal).
  • No es sólo lo que llevan en la mochila, es lo que llevan en el corazón. #Torreón lo siento tanto. (Tania, Twitter)n  México, el único país donde se adoran los narco-corridos, las narco-series, narco-novelas, la narco-cultura. Y cuando un niño decide hacer una masacre con armas de fuego en su escuela, se le echa la culpa a los vídeojuegos. (El faravahar, Twitter).
  • REDIM (Red por los derechos de la infancia en México) urge a reconocer que los hechos de Torreón, Coahuila, son consecuencia de la generalización de la violencia armada en contra de niñas, niños y adolescentes (Derechos Infancia).

A quién culpar

 “Vanguardia” entrevistó a la directora de la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Coahuila, Karla Valdés, quien mencionó que es poco probable que un videojuego influyera para realizar este tipo de actos e invitó a no ser tan simplistas.

Aseguró que son pocas las posibilidades de que el juego sea el responsable, por el contrario, pidió hacer una serie reflexión: “No es un videojuego, es una familia, más unos amigos, más una historia de vida. Todo esto en conjunto gestó la probabilidad de que alguien llegara a hacer lo que hizo”, señaló la experta.

Según datos de la Red por los Derechos de la Infancia (REDIM) de 2006 a la fecha, han muerto 19 mil niños, niñas y adolescentes a consecuencia de la guerra contra el crimen organizado. Pero ahora no sólo mueren, también matan, y se suicidan.

A quién culpar cuando la época violenta en Torreón dejó, según cifras conservadoras del Instituto Municipal de Planeación (IMPLAN), cuatro mil huérfanos. ¿Qué se hizo con ellos? ¿Se trataron, se abordaron psicológicamente o se dejó que se convirtieran en un caldo de cultivo?

¿Cómo entender una generación cuidada por abuelos, como el niño José Ángel?

La realidad es que el Gobierno nunca tuvo una cifra de los huérfanos de la violencia, pero tampoco de las viudas de la violencia, de los niños y niñas que crecieron con odio porque vieron cuando les mataron a un padre, a un hermano, de los cientos de niños que tuvieron que ir al psicólogo por crisis de ansiedad o por estrés postraumático derivado de escuchar una noche y la otra también, alguna balacera.

Fuimos todos

Hace 10 años, en Torreón, pistoleros atacaron a disparos el bar Ferrie, las Juanas VIP y la Quinta Italia Inn, matando a más de 30 personas, muchos de ellos jóvenes. Diez años después, un chico de 11 años disparó en su colegio, mató a su maestra y luego se quitó la vida. 

¿Qué pasó en una década?

a) Los homicidios se dispararon (2011 y 2012 son los puntos más altos de la violencia), después comenzaron a disminuir y festejamos sin reflexionar, sin atender las secuelas, los daños, los corazones rotos, y allí está que 2019 volvió a subir la cifra de víctimas de homicidio doloso.

b) A la par comenzó a arreciar la violencia familiar: Coahuila ocupa el sexto lugar del país con la mayor cantidad de carpetas abiertas por el delito de violencia familiar, según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP).Hasta noviembre de este año sumaban 10 mil 12 expedientes, 9.5 por ciento más que el mismo periodo, pero de 2018.

c) Se disparó el consumo de “cristal” en Torreón hasta llegar a casi el 40 por ciento de consumo entre los pacientes, según datos del Centro de Integración Juvenil.

d) Supimos en 2013 del caso de Saúl, un niño de 12 años que se quitó la vida porque le hacían bullying en su escuela de San Pedro. También de una niña de 6 años que intentó suicidarse en 2017, así como del aumento en las intenciones de suicidio en niños de 8 a 12 años, según el Centro Integral de Salud Mental (CISAME).

e) Pero el mismo año nos enteramos que Sanjuana, una niña de 11 años –la misma edad que el agresor del Colegio Cervantes– se quitó la vida seis días después de haber cumplido años. El mismo año un estudiante de 16 años amagó con aventarse del edificio de una preparatoria.

En 10 años Coahuila fue el primer lugar en embarazos en adolescentes y no pasó nada. Supimos de supuestas “ventas” de bebés en redes sociales. Supimos de una adolescente en Saltillo que reportó el abandono de un bebé en su casa para después resultar que ella era la madre.

También nos convertimos en el segundo lugar nacional de consumo de tabaco y tercero de alcohol, según una encuesta del INEGI.

Supimos de una niña de dos años que fue matada por su padrastro en Matamoros (2018), de niños que querían ser sicarios y tener dinero y mujeres, aunque fuera sólo unos años.

Supimos de niños trabajando solos en las noches del centro de Torreón, del incremento en violaciones y abusos sexuales contra menores, del incremento de menores infractores y menores que chocan en estado de ebriedad.

Supimos del aumento de niños retirados de sus hogares por omisión de cuidados, del aumento en detenciones de menores por narcomenudeo.

¿Qué pasó? No hicimos nada. Nadie, ni tú ni yo, ni el Gobierno, ni la sociedad, ni las universidades, ni las escuelas, ni los líderes de opinión. Nadie. Nadie.

Y por ello, todos somos culpables de lo ocurrido en el colegio Cervantes.

Datos

10 años atrás hubo ataques en bares con decenas de muertos en Torreón.

11 años de edad tenía el menor, quien tiempo atrás perdió a su madre y su papá no vivía con él. El cuidado estaba a cargo de sus abuelos.

20 años de prisión podrían enfrentar los tutores, en este caso los abuelos del menor, por los delitos cometidos y las omisiones en su cuidado.— (Artículo publicado en la web del periódico “Vanguardia”, de Coahuila, con el encabezado “Todos somos culpables” – 12/I/2020)

(1) El Editor de este artículo manejó el siguiente sumario: El gatillo lo jalamos todos los que hemos decidido promover o ignorar la violencia en la que estamos inmersos. Un niño quemó la aldea que no quiso o no pudo ofrecerle un mínimo de amor, lastimando a otros inocentes… ¿Quiénes seremos después de esto? ¿Seguiremos indiferentes ante el sufrimiento de los más débiles? 

(2) “Semanario” es un espacio del periódico “Vanguardia”, de Coahuila, abierto a la discusión, el intercambio de puntos de vista sobre asuntos que interesan a la comunidad 

(3) Catalina Pérez Correa es Maestra y Doctora en derecho por la Escuela de Derecho de la Universidad de Stanford en California. Profesora Investigadora del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE). Ha sido profesora en la Facultad de Derecho de la UNAM, investigadora en el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM e investigadora visitante en el Schell Center for International Human Rights de la Escuela de Derecho de la Universidad de Yale, en Estados Unidos. Es colaboradora del Programa de Política de Drogas del CIDE.— (Perfil tomado de la web del diario “El Universal”)