POR JOSÉ AGUSTÍN VEGA HERRERA

Y mientras el PIB se desploma, la Presidencia de la República busca despojar a la Cámara de Diputados de su facultad exclusiva de manejar el Presupuesto de Egresos.

Así, Andrés Manuel López Obrador podría reasignar los recursos de acuerdo con su conveniencia, y así competir con los fondos que destinarán el Banco de México ($750 mil millones) y el Banco Interamericano de Desarrollo y el Consejo Mexicano de Negocios ($290 mil millones) para apoyar a empresas en problemas.

Estos programas de BdM y BID-CMN son vistos con recelo por el Ejecutivo Federal, por estimar que forman parte de una estrategia para fortalecer a sus adversarios.

Estos, por cierto, se convirtieron en adversarios al ignorarlos, engañarlos y señalarlos de forma despectiva en su monólogo diario ante algunos reporteros y numerosos paleros en Palacio Nacional.

La gradual despetrolización del presupuesto federal se detuvo al dar marcha atrás y destinar multimillonarios apoyos a PEMEX, que sólo han servido –ya lo estamos viendo— para elevar su deuda en el primer trimestre de este 2020 a una descomunal suma que rebasa el medio billón de pesos.

Sí, estamos hablando de pérdidas del orden de los 562 mil millones de pesos.

Como las pérdidas de Pemex están avaladas por el Gobierno Federal, entonces la deuda soberana de México se ve amenazada por la pérdida del grado de inversión, y entonces no habría capitalistas interesados en comprar bonos mexicanos.

La construcción de una refinería, hoy por hoy representa una importante e inútil erogación de recursos en un entorno en el que la mayoría de los equipos presupuestados tendrán un sobrecosto de entre el 20 y 25%.

Cartón tomado del periódico “El Sol” de Irapuato

El tren Maya es una operación con poca rentabilidad salvo por los tramos de Cancún a Tulum y algunos más en la Península de Yucatán.

Todo esto, sin contar con que la inseguridad en la zona de circulación pondría en alto riesgo a quienes ocupen dicho medio para trasladarse por el Mundo Maya.

Quizá los dos proyectos con más futuro por su importancia estratégica son:

  • El aeropuerto de Santa Lucía que se convertirá en la terminal 3 del de Ciudad de México y que no solucionará el flujo aéreo en el valle de México.
  • El tren trans-ístmico que sería una gran alternativa industrial para quienes necesiten cruzar mercancías desde el Golfo o el Atlántico hasta el Pacífico sin tener que llegar al canal de Panamá. Este último proyecto está en cajón bajo llave y de su futuro no se sabe nada concreto salvo el interés de uno de los grandes inversionistas norteamericanos, el dueño de Blackrock.

En el panorama político, vemos a un aparato gubernamental copado por la figura del Ejecutivo, que no permite el funcionamiento de las pocas piezas eficientes, como Marcelo Ebrard, quizá poseedor del mejor perfil dentro del gabinete junto con Alfonso Romo.

Este es un breve pero ominoso panorama de lo que se ve al cierre de este primer cuatrimestre de 2020 y que esperemos cambie para bien, aunque en los hechos siga de mal en peor con el PIB que sigue desplomándose y la recesión que este Gobierno provocó en 2019 y la cual continúa con ayuda de la pandemia.— (Análisis para HECHO DIGITAL – 1/V/2020) 

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(*) Cartón de portada, tomado de Twitter