En el Estado de Yucatán, sobre todo, sorprendió el mutismo de las autoridades en torno a las crecientes presunciones de la relación de la vacuna anti-Covid de AstraZeneca con casos de trombosis.

Para los políticos que se dicen servidores incondicionales de la comunidad merecía mayor atención tales versiones, pues tal inmunizante comenzará a aplicarse este miércoles 7 de abril en decenas de municipios yucatecos, sobre todo Mérida, el más populoso.

Por lo menos, era de esperarse algún operativo especial para dar un seguimiento más intenso a los sexagenarios que vayan a aplicarse este antídoto.

Desde luego, tal vez inmersos en la “grilla”, con vistas a las elecciones legislativas y municipales del próximo 6 de junio, tales informaciones no parecieron de interés comentarlas en los medios informativos.

Ojalá que la aplicación de tal antídoto no vaya a tener complicaciones entre quienes lo reciban, porque las inevitables críticas van a abrumar a las autoridades que debieron de haber alertado a la población.

Con ese indeseable sectarismo, enfocado en que la vacunación es un programa federal que excluye a toda instancia estatal o municipal de salud, ciertas autoridades no piensan en lo crucial que puede ser una acción coadyuvante.

Como por ejemplo, alertar a cardiólogos, neurólogos y especialistas en atender las eventuales reacciones para estar pendiente de cualquier imponderable.

Sin embargo, como el egoísmo es una constante en las actividades públicas, pues que cada quien se rasque como pueda.

Qué lamentable tener una visión tan obtusa de las cosas y de aspectos tan delicados como la salud, en que hasta un pequeño error puede lamentarse toda una vida.

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