El Premio Fundación BBVA a la Conservación de la Biodiversidad, a la española Karmele Llano Sánchez y su organización Animal Rescue Indonesia, país del Sudeste Asiático en el que reside junto a su pareja, también veterinario y cofundador de su sociedad protectora de primates homínidos 


Si juntáramos en un estadio a todos los orangutanes de Borneo que quedan, cabrían en el Camp Nou y seguramente sobrarían muchos asientos. La comparación la hace la primatóloga Karmele Llano Sánchez, cuando el periódico español El Mundo le preguntó cuántos ejemplares quedan de esta emblemática especie de gran simio (Pongo pygmaeus), nativo de esa isla indonesia.

No saben con precisión cuántos quedan -basándose en varios estudios, Llano cree que una cifra realista sería entre 35 mil y 50 mil- pero sí lo rápido que están desapareciendo: “sobre todo, porque no tienen espacio para sobrevivir”, resume esta veterinaria vasca que hace más de una década decidió fundar en Indonesia su propia organización para proteger a los primates, Animal Rescue Indonesia (IAR). Esta ONG conservacionista, en la que trabajan 270 personas, acaba de ganar el Premio Fundación BBVA a la Conservación de la Biodiversidad en su categoría mundial por sus trabajos para proteger especies emblemáticas de Borneo como el orangután.

Uno de sus programas, Orangutan Rescue, rescata y cuida a crías que:

♦ Han quedado huérfanas o han sido arrebatadas de sus madres para ser vendidas ilegalmente

♦ A  adultos que se han quedado sin hogar porque el bosque en el que vivían ha sido talado o devorado por las llamas,

♦ Y a los animales que no han podido volver a reintroducir en la selva.

¿Que cómo son los orangutanes?

“Son como los humanos pero mucho mejores”, responde Karmele tras unos segundos de reflexión al otro lado de la pantalla del ordenador desde Kalimantan.

Después de muchos años tratando con ellos, la Jane Goodall vasca confirma que su fama de listos y afables es merecida. “Son los más sabios de entre los grandes simios. Todos los estudios cognitivos han demostrado que es el más inteligente, muy diferente al chimpancé, que es más agresivo y tiene un temperamento más fuerte. El orangután es dócil, ni se mete en problemas ni supone un peligro para las personas pero eso sí, como todos los animales salvajes si se encuentran amenazados o bajo ataque pueden ser extremadamente peligrosos”, asegura.

“En ocasiones entran en plantaciones para buscar comida, entrando en conflicto con los agricultores, y pueden llegar a habituarse a los humanos, pero lo habitual es que un orangután se esconda cuando te vea”, prosigue la primatóloga nacida en el municipio español de Bilbao, pero que vive en Indonesia desde 2003 junto a su pareja, también veterinario y cofundador de su organización.

Como anécdota, la galardonada relata que una vez, navegando en una barca por el río, sorprendieron a un orangután salvaje comiendo tranquilamente en un árbol. “Era un macho adulto y cuando nos vio se tapó los ojos para no vernos. Fue un instinto parecido al que tienen los niños, un comportamiento que no ha aprendido de nadie”, recuerda.

Dice que acabó en Indonesia “de rebote”. Se interesó pronto por la protección de los animales así que tras estudiar Veterinaria en León, hizo una maestria de medicina de conservación: “Al acabar la carrera estuve en un centro de recuperación de especies en Venezuela, y después en Holanda, en un centro de primates. Luego me vine a Indonesia para hacer un voluntariado de tres meses, y aquí sigo”.

Inicialmente, creó su fundación para rescatar al macaco y al lori (un mono nocturno), “que para ese entonces eran las dos especies de primates que más se vendían y que estaban en mayor peligro porque en la isla de Java el problema principal es el tráfico de especies, en el que suelen estar involucradas las mafias y mueve mucho dinero”. Precisa que son vendidos en el mercado negro, tanto local como internacional, para tenerlos como animales de compañía, en hoteles u otros centros.

En esa etapa trabajaba con la policía forestal de indonesia y en 2007 estableció en Ciapus (Java) un centro para atenderles. De nuevo, uno de los problemas en el mundo de la conservación es la dificultad de saber cuántos ejemplares hay, por lo que “para determinar si una especie está en peligro, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), [encargada de elaborar la lista roja de especies amenazadas], no sólo se basa en las poblaciones que quedan sino también en el nivel de explotación, que se puede justificar viendo la cantidad de animales que se decomisan en los mercados ilegales”.

En la isla de Borneo vio los estragos que la deforestación estaba causando en los orangutanes y otros animales, “porque el orangután es una especie paraguas”. Significa que comparte su ecosistema con muchísimas otras especies -pájaros, reptiles, insectos- porque necesita un hábitat muy grande. Por ello abrió allí otro centro para protegerlos.

Según la veterinaria, la clave del problema con estos grandes simios, semisolitarios y que suelen vivir unos 40 o 50 años, es la rapidez con la que están decayendo sus poblaciones. La UICN la considera una especie críticamente amenazada: “En 40 años se ha perdido el 60% de su población; en 20 años supondrá el 80%.

Ni se ha extinguido ni se va a extinguir pronto pero si su hábitat no se protege seguirán disminuyendo sus poblaciones “, advierte.
El cultivo de la palma aceitera y los incendios forestales son las principales causas de la desaparición del hogar de los orangutanes. “Entre 2000 y 2015 se deforestó gran cantidad de terreno para producir aceite de palma. Desde 2015, la mayor amenaza son los fuegos forestales, tanto intencionados como fortuitos, porque se dan con mucha frecuencia en la turbera, un tipo de suelo húmedo que contiene mucho carbón. Al convertir la turbera en terreno para cultivar se drena y se convierte en carbón puro, muy inflamable, y se originan los incendios”, resume Llano.
A esto se añaden los efectos del cambio climático, abunda la entrevistada. “Estamos viendo cómo los periodos secos se han hecho más secos y más intensos. Hace más calor durante más tiempo así que la combinación de las condiciones meteorológicas con las turberas ha hecho que esta zona haya sufrido incendios que han devastado grandes áreas del hábitat del orangután”.
Por ello, la veterinaria critica que Europa importe aceite de palma para producir biocombustibles. Asimismo, denuncia: “Estamos vendiendo la idea de que nos hacemos más verdes y reducimos las emisiones contaminantes, pero es a costa de incrementar las emisiones en otros países y de causar un efecto brutal en la biodiversidad”.
Como resultado de la destrucción del hábitat de los orangutanes, las zonas de bosque cada vez están más separadas y las poblaciones de la especie más aisladas de otras poblaciones porque no hay corredores para comunicarse: “Esto conllevará a que las más poblaciones pequeñas no puedan sobrevivir en el tiempo y problemas genéticos debido a la endogamia”.
A los orangutanes que rescatan les entrenan para devolverles su instinto natural y que puedan volver a vivir de forma salvaje, idealmente cuando tienen siete u ocho años, que es el tiempo que en la naturaleza una cría suele vivir con su madre (los machos van a su aire y sólo se juntan con las hembras para procrear).
Para evitar que los orangutanes se acostumbren a las personas, sólo ven a los trabajadores del centro. “Intentamos reducir el contacto y la dependencia al máximo, y hacerles desconfiar del humano; cuanto menos confíen, menos peligro tienen”, explica. “El problema surge con los que han estado en cautiverio mucho tiempo, en una jaula o atados a una cadena, y viviendo con humanos. Es mucho más difícil reintroducirlos porque ya han pasado su periodo de aprendizaje y es casi imposible que se adapten a vivir de forma salvaje”.
En esos casos, su centro de recuperación funciona como una especie de santuario en el que se quedan. Allí no existe la rutina: “No hay días normales. Como directora hago muchas cosas diferentes: reuniones con miembros del gobierno, del sector privado, trabajo mucho con las comunidades y hacemos proyectos de educación; vamos a la selva, hacemos rescates o liberamos orangutanes; como soy veterinaria trato de mantener el vínculo con los veterinarios”, relata.
Y si ya antes del coronavirus eran muy cuidadosos para no evitar transmitirles nuestras enfermedades y usaban mascarillas, ahora extreman aún más las precauciones: “En principio es muy posible que les afecte la enfermedad, al igual que a las personas, aunque no se ha podido demostrar científicamente porque no ha habido ningún caso ni se han hecho experimentos con orangutanes. Sí se ha inoculado el virus en otras especies de primates, como los macacos. Estamos intentando que no nos llegue la infección porque podría tener efectos devastadores”.

| HECHO DIGITAL | CDMX | 31  – XI – 2020 |