Parece que son mayoría los que prefieren enfermar o morir de coronavirus que morir de hambre: “A la buena de Dios”

De la sana distancia “a la buena de Dios”(1).

Así puede resumirse la nueva etapa de la pandemia del coronavirus, que parecen estar manejando de forma pésima las autoridades de salud y el Gobierno Federal.

Con la “sana distancia”, por lo menos las autoridades tenían facultades para impedir “eventos sociales” «francachelas»(2), dirían los más temerosos del coronavirus, o aplacar intentos de rebelión de los más reacios a obedecer.

Cartón tomado de Twitter

Ahora, “a la buena de Dios” –bueno, le llaman “nueva normalidad– ya no hay, por ejemplo, trabas para salir de la casa o para estar el tiempo que se quiera en la calle, con un mayor riesgo de contagio.

El realista se pregunta qué será mejor, si enfermar o hasta morirse de coronavirus o morirse literalmente de hambre.

Porque miles de mexicanos viven hoy con lo que ganaron ayer y su margen de maniobra –tiempo en que pueden estar sin laborar—es de dos o tres días.

Así, ¿cómo se puede pedir a estos integrantes del ejército de trabajo informal que se queden en casa?

Metidos en este planteamiento existencial, se puede advertir que quizás sean mayoría los que están de acuerdo con la “nueva normalidad”, que podría ser “nueva mortalidad”, conforme a la infortunada equivocación del mismo secretario de Salud, Jorge Alcocer Varela.

Y como pasa cuando se libera algo, debemos arrostrar las consecuencias, entre ellas las de perder el rastro de los peligrosos asintomáticos, responsables de una parte importante de los futuros contagios.

Cartón tomado de Twitter

Pero así lo quieren las autoridades, que quedemos “a la buena de Dios”.

Bueno, y si la estrategia falla, pues “volvemos a cerrar” como apunta con olímpica indiferencia el Presidente López Obrador, a quien no parece importarle que siga agravándose el retroceso económico y el desempleo.

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(1) A la buena de Dios: Se emplea para ilustrar una circunstancia en la que las cosas se hacen de manera desorganizada, sin una planificación adecuada, motivo por el cual el resultado es incierto. De tal forma, la frase emplea una figura simbólica para señalar que el desarrollo de los acontecimientos ya no depende demasiado de la voluntad de los hombres sino de la Dios

(2) Francachela: Reunión de varias personas para divertirse comiendo o bebiendo, normalmente sin moderación

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| HECHO DIGITAL | CDMX | 2-VI-2020 |