Sorprende la ingenuidad de ciertos “expertos” al suponer espontaneidad en la actitud de ciertos ciudadanos que critican o condenan a figuras del poder de ayer y de hoy.

Sorprende, por tanto, la actitud de sorpresa sobre esos críticos que ejercen la libertad de expresión sin cortapisas.

Al respecto, en HECHO DIGITAL nos preguntamos cuántos mexicanos conscientes de ese derecho ejercemos tal libertad.

La respuesta es “muy pocos”, porque la mayoría tiene ideas comunes con partidos políticos o bien tienen una militancia o una “sana cercanía” con estos últimos.

Una de las más recientes comprobaciones se dieron cuando un ciudadano –abogado de profesión y de nombre José Eduardo García— confrontó a la esposa de Andrés Manuel López Obrador cuando ésta iba a viajar a Cancún en cómodo asiento de primera clase.

La consorte presidencial ha comprobado cuán difícil es ser congruente entre lo que se dice y lo que se hace, y su esposo ha exigido la austeridad como norma de conducta oficial.

Por tanto, hoy más que nunca se cumple aquel refrán que reza que “la mujer del César no sólo tiene que serlo sino parecerlo”.

Y del crítico o del que pone en evidencia las incoherencias de los protagonistas en el poder, lo que menos importa es su militancia política, porque sus actitudes lo delatan, sin que tenga que llevar colgado el gafete del partido al cual pertenece.

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| HECHO DIGITAL | ANÁLISIS | CDMX | 24-VI-2020 |