La DEA (la agencia del Gobierno de EU para combatir el tráfico de drogas) parece que ha adiestrado a sus agentes más como expertos guionistas en narco-historias que en sagaces agentes para recopilar pruebas contundentes que puedan hundir a verdaderos mafiosos.

Viendo el cúmulo de sandeces preparadas por la DEA para destruir la reputación del ex secretario de la Defensa Nacional Salvador Cienfuegos Zepeda, es lamentable dejarse llevar por historias que más bien parecen salidas de la fértil imaginación de un escritor de series policiacas de pésima factura.

Sí, porque de acuerdo con la tragicómica narco-historia de la DEA, México tenía al frente del Honorable Ejército Mexicano en el sexenio pasado no a un ejemplar capitán sino a un “clon” de los tristemente célebres capos de las drogas en México,

Sí, porque de acuerdo con los acusadores en Estados Unidos de Cienfuegos Zepeda –porque en México, por lo menos en los archivos policiacos, no los tenía–, este General de División se comportaba como un narco-capo más, preocupado en la producción y distribución de heroína, cocaína, metanfetaminas y mariguana.

Sería bueno averiguar quiénes son los autores de la “negra historia” y saber si alguno de ellos o todos son habituales consumidores de drogas, pues su “guión” más bien parece producto de una “mariguanada”,

Y más lamentable resulta que “el guía moral de la 4T” se crea a pie juntillas la narco-historia creada en torno a Cienfuegos Zepeda, y ponga a éste como “un prietito en el arroz” de la descomposición social de México.

Da tristeza ver cómo un seudonacionalista, un sedicente defensor del marco del derecho, sea engañado por la historia de un vecino histórico con pésimos antecedentes y algunos hijos mala entraña que preenden manchar la historia de alguien que parece haber sabido y cumplido al pie de la letra lo que es la institucionalidad.

Ojalá que algún día los que hoy son calificados de incorruptibles por el Gobierno de la 4T no vayan a ser acusados de vulgares delincuentes por interesados acusadores más allá de las fronteras.

No puede ser la Justicia tan distinta en países vecinos, que en un punto se considere a alguien hombre de bien y a unos cuantos cientos o miles de kilómetros de distancia un pillo de siete suelas.

No debe olvidarse que el que acusa tiene que probar.

Por tanto, lo menos que merece el General Cienfuegos Zepeda es un juicio justo dirigido por un juez honesto que sepa valorar las acusaciones, y determinar si son ciertas o falsas,

Y en el caso de ser falsas, colocar en el banquillo de los acusados a quien se haya atrevido a dañar la reputación del prójimo.

Aunque parezca idealista esta posibilidad, el ser humano debe regresar a los tiempos en que la reputación era el recurso más valioso que debía de caracterizar a un ser humano.-


| ARTÍCULO DE HECHO DIGITAL | CDMX | 17 – X – 2020 |