GEORGINA TRUJILLO

Andrés Manuel López Obrador ya envió al Senado de la República la terna para sustituir a Eduardo Medina Mora, ex ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, quien renunció hace algunas semanas, en medio de diversas acusaciones de corrupción en su contra. Se trata de tres mujeres –lo cual celebro–, Ana Laura Magaloni, Margarita Ríos-Farjat y Diana Álvarez Maury, quienes, en opinión del Presidente, son las mejores para el cargo.

En el caso de Magaloni, ella se ha caracterizado no sólo por su carrera académica como parte del Sistema Nacional de Investigadores, sino también por su trabajo en la comunidad. Distanciada de cualquier actividad abiertamente política.

No se puede decir lo mismo de Ríos-Farjat, actual titular del Servicio de Administración Tributaria (SAT), cercana al Presidente, así como a Alfonso Romo, personaje que en este gobierno ha conseguido amasar poder colocando a sus allegados en puestos clave del Poder Ejecutivo.

Un dato importante: si Margarita Ríos-Farjat resultara electa como ministra, se especula que quien podría sustituirla al frente del SAT sería Rosalinda López Hernández, esposa de Rutilio Escandón y hermana de Adán López Hernández, gobernadores de Chiapas y Tabasco, respectivamente. Nepotismo al más puro estilo del Partido Revolucionario Institucional autoritario del siglo pasado.

Por otro lado, Diana Álvarez Maury forma parte del primer círculo de Olga Sánchez Cordero, secretaria de Gobernación. Una columna publicada previamente en este medio de comunicación afirma que hasta antes de 2018, la mayor experiencia de la hoy subsecretaria de Desarrollo Democrático y Asuntos Religiosos, fue ocupar un cargo como titular académica en el bachillerato Thomas Alva Edison. Eso sí, dice ser experta en “transmisión de energía cósmica y semiología de la vida cotidiana”.

Es casi una burla.

No sería la primera vez que un presidente intente colocar a una persona de su confianza para tener influencia en un poder que se supone debe ser autónomo, Felipe Calderón lo hizo con Alfredo Ortiz Mena, y Enrique Peña Nieto con Eduardo Medina Mora.

López Obrador asegura que el problema de sus opositores es la carencia de autoridad moral para señalar un atentado a la democracia de este tamaño; el suyo, es convertirse cada día más en lo que tanto criticó por años.

Esto se suma a su necedad por defender el desafortunado nombramiento de la nueva ombudsperson de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, Rosario Piedra Ibarra, elegida, a pesar de violar la ley y quien por su propia dignidad y respeto a la institución que encabeza, debiera renunciar al cargo.

La pregunta aquí sería dónde quedaron esos 30 millones de mexicanos que votaron con esperanza, que querían un cambio y que acabaran los vicios de la política. Tendremos que esperar hasta que la esperanza se agote o, bien, los fracasos de este gobierno los orillen a exigir lo que tanto les prometieron.- (Tomado del “Heraldo de México” – 25/11/2019)

*) Los puntos de vista y las opiniones expresadas en este artículo son las del autor y no reflejan de forma necesaria la política editorial o posición de HECHO DIGITAL