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Recuerdan aquellas explosiones en serie que destrozaron céntrica zona de la capital tapatía

Guadalajara, la capital de Jalisco, recuerda este viernes 22 de abril el trigésimo aniversario de uno de sus días más espantosos, cuando una serie de explosiones subterráneas a causa de acumulaciones de gas dejó más de 200 muertos, un saldo que a nadie dejó satisfecho.

Un despacho de la agencia de noticias española EFE sobre la tragedia que publica el portal del diario “El Informador”, de la capital tapatía, señala que “de acuerdo con la versión difundida por los Gobiernos estatal y federal, que todo comenzó con el derrame de gasolina que llegó hasta el sistema de alcantarillado del Sector Reforma, en el barrio de Analco, uno de los más céntricos de Guadalajara.

El derrame (procedente del poliducto Salamanca-Guadalajara), añade el despacho de EFE, generó la concentración de gases inflamables que no pudieron dispersarse e hicieron estallar el colector de la zona.

Las calles de la colonia Analco y otras aledañas se abrieron en un instante

A su vez, se indica, las explosiones marcaron un gran surco de hasta cinco metros de profundidad a lo largo de ocho a 13 kilómetros, dañando mil 142 viviendas, 450 comercios y unos 100 centros escolares

Al mismo tiempo, las explosiones se tragaron a cientos de personas, coches (se estima que unos 600), enseres domésticos y postes de luz.

La zona dañada daba la impresión de ser una zona urbana destruida por un bombardeo aéreo.

Para la mayoría de los tapatíos el saldo oficial de 212 muertos y 69 desaparecidos es mucho menor que el real.

No creen que haya sido contabilizado correctamente el número de fallecidos en autobuses enterrados repletos de gente que iba a trabajar y casas de derrumbadas con sus habitantes dentro.

El número oficial de lesionados fue de mil 800.

Eduardo Alanís y Pérez compara la tragedia con “una herida que no sana, que sigue abierta”.

El portal de “El Informador” publica también un artículo de Diego Petersen, que hace 30 años era reportero de otro medio jalisciense y que vivió las incidencias de los momentos previos a las terribles explosiones.

Petersen recuerda haber visto cómo una brigada de trabajadores de Pemex estuvo en la zona midiendo con aparatos que nunca había visto los niveles de explosividad en el drenaje.

Según dijeron a los comunicadores, en algunos tramos el nivel de explosividad era del ciento por ciento –o sea, sumamente peligroso– pero en otros era de cero.

Horas después, la brigada de Pemex dijo haber encontrado el punto de origen de la emergencia, ubicado frente a una aceitera denominada La Central, a la cual se ordenó suspender actividades y lavar el ducto.

“En vísperas de la tragedia –concluye el texto de Petersen—, todos (periodistas, bomberos, funcionarios del SIAPA –dependencia encargada de la operación de los sistemas de distribución de agua potable y del alcantarillado— nos fuimos a dormir pensando que el problema estaba resuelto”.

“Todos –insiste Petersen–, excepto los funcionarios de Pemex: Ellos sí sabían lo que estaba pasando”.

El día 22, como se sabe, ocurrieron las fatales explosiones en serie.


| HECHO DIGITAL | CIUDAD DE MÉXICO | 22 de Abril de 2022 |


 

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