POR VICTORIANO ROBLES CRUZ

En el obligado confinamiento y distanciamiento por la pandemia de Covid-19, que nos asuela en 2020, nuestra familia ha resultado con una víctima, nos ha desmantelado con la pérdida de una hermanita, la quinta en la línea descendente, somos el segundo. Fue en la noche de martes para miércoles, después de las 2 am. (13/05/2020). ¡Y no fue registrada como muerte Covid-19!

No me siento con la total libertad para teclear sobre el dolor familiar, por lo que leerán solamente mis dispersas ideas sobre una adorada hermanita. Muchos aprendizajes recibimos en el núcleo familiar, desde los tradicionales desencuentros, los pleitos, los apoyos entre hermanos, las conversaciones de los recuerdos de nuestra campirana niñez, como dice una clásica expresión popular: “los hermanos que no pelean ni a hermanos llegan”. ¡Pero el cariño de hermanos insuperable!

No fue idea propia ponerme al teclado, fue solicitud de una de mis hijas, ahijada de quien se llevó el maldito virus. Ha pedido, ya dos veces, hasta el momento de realizarlo, este 14 de mayo después del mediodía. Sus sobrinas también la quieren mucho y por eso intuyo es la petición. Físicamente ya no está, sus pensamientos pervivirán, con gratitud.

Desconcierta hilar las ideas, ¿por dónde comenzar? El amontonamiento de recuerdos inunda el momento y la realidad nos confunde con lo sentimental. No sé si sea una manera de rendirle tributo por el lazo sanguíneo, por sus enseñanzas, por sus regaños, sus advertencias, por su cariño para todos nosotros… y a muchos más. Repartía afecto con amigas principalmente, pero también tenía su selecto grupo de amigos.

Marina siempre supo disfrutar de su familia

Presumía su liderazgo con nosotros, entre amigos y compañeros de trabajo, se lo ganaba, lo conquistaba con la calidad de su desempeño. Padecía el mismo síndrome familiar: La honestidad. Incorruptible, pudiéramos decir la virtud familiar, pero ella no se medía para manifestarlo, en ocasiones con inmoderada franqueza. Herencia de nuestros padres, precisos para todas las cosas, nos exigían así desde chilpayates.

Al igual que era la cómplice para nuestras fechorías infantiles por las desagradables tundas que nos propinaban nuestros padres, era también la que disfrutaba nuestros silencios ante sus perversidades. Era también otra amiga. Ahora de adultos compartíamos todos aquellos momentos y disfrutábamos los recuerdos, al son de la música de nuestra época como de las cervezas preferidas. ¡Hermanos de verdad!

La muerte ya de por sí es una pérdida, mayor cuando se trata del [email protected], no solamente se ha llevado un pequeño trozo de mi vida, sino que superarlo será otro reto para nuestro pensamiento. Lo inimaginable ha sucedido, perdimos todos los Robles a un ser muy querido… la hermanita.

Nos la ha quitado Covid-19.

En nuestras incredulidades –naturales en el quehacer periodístico- preguntábamos a amigos y cercanos del conocimiento de algún enfermo por esta tan publicitada enfermedad, con los peores efectos mundiales en todos los sectores; y no aparecía ni uno que nos confirmara la letalidad real.

Pero cómo son las cosas: Vino a suceder en nuestra familia.

Amigos y lectores, no queremos teclear estas difíciles letras por el simple hecho de llenar otra participación, tampoco sólo como memoria para mi hermanita, sino para que afinemos y perfeccionemos nuestras responsabilidades, nuestro compromiso social, para cumplir con los protocolos sanitarios, si nos cuidamos mejor también ayudamos a otros, a los demás. Seamos exigentes con los cuidados recomendados y repetidos a diario en los diferentes medios de comunicación por las autoridades sanitarias de México. ¡Seamos intolerantes con la irresponsabilidad!

En paz descanse, Marina Robles Cruz

Nuestra vida -nos damos cuenta- es efímera y quizá muy injusta. Muchas veces hablamos de estas pérdidas con todos nuestros hermanos, con la familia, la experiencia anterior fue la muerte de mi padre hace casi 37 años. Nos recomendábamos de disfrutar cada momento de la vida, ella poca importancia le daba a la muerte. No sé si rehuía o no quería interrumpir el disfrute del instante. ¡No hables de cosas tristes, nos reclamaba!

Estos recuerdos duelen, pero a la vez nos invitan a sonreír, Si no lo era todo, sí era una parte muy importante en la familia. La recordaremos en diciembre, ella era la organizadora de la cena de Navidad y Año Nuevo. A todos nos ponía tarea para que las reuniones fueran excelentes. Reír, como lo hacíamos con cada recuerdo, ahora debemos disfrutar mejor aquellos alegres momentos. ¡No creemos quiera vernos tristes, sino todo lo contrario!

No quiero ni debo mentirles, vivir resulta muy complicado, pero ahora vivir sin su presencia nos hará casi asfixiante el resto de nuestros días. Sólo nos queda recordar lo mejor de ella, sus alegrías, sus ejemplos, sus cariños. Hermanita: no sólo lograse tus metas, sino que las rebasaste. Por eso te seguiremos admirando, por esa grandeza que le diste a la familia, en todos los ámbitos. Defendiste con gran gallardía los apellidos y nos descubriste el camino a seguir. ¡Siempre en mi corazón! Gracias hermanita Marina.

PD.- Debemos agradecer las muestras de solidaridad de amigos y lectores por sus mensajes y llamadas, dan fortaleza a nuestra vida. La amistad sí se alimenta sólo de gratitud.

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 | HECHO DIGITAL  | CDMX  | 15.V-2020  |