• Por vez primera en 177 años se representó en la soledad de la Catedral de Iztapalapa el Viacrucis más famoso y multitudinario de América Latina

  • Se estima que no menos de cinco millones de feligreses tuvieron que conformarse con ver en televisión el acto evangélico que engloba e ilustra los sucesos protagonizados por Jesucristo entre la última cena y su crucifixión y muerte, a las que prosiguen su entierro y resurrección

Ayer viernes 10 de abril, en Iztapalapa no hubo procesiones, ni desplazamientos, ni empujones, ni riadas humanas. Sólo versiones reducidas del libreto, todas adaptadas para que los actores no tuvieran que coincidir demasiado en la escena, ni hablarse de cerca o tocarse. Tampoco tuvo lugar el tradicional recorrido por los ocho barrios.

De igual manera, la representación de este año de la Pasión de Cristo careció igualmente de su momento estelar: La subida al cerro de la Estrella, donde emociona y enchina la piel la coreografía del alzamiento de las cruces, mientras Jesús de Nazareth queda anclado a la suya y la gente llora, grita y hasta gime en “la parte que más le pesa a todos”.

El cerro de La Estrella en Iztapalapa, que tras 177 años de tradición no fue escalado -a causa del aislamiento por el coronavirus-, para la realización del momento estelar pero más sentido de la Pasión de Cristo

Cabe apuntar que la escenificación de ahora estuvo a cargo de 65 feligreses, cuando en un año normal participan como actores, además del elenco estelar, unos dos mil niños, jóvenes y adultos.


| HECHO DIGITAL | CDMX | 11/IV/2020 |