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El próximo domingo 5 de junio, un millón 335 mil 173 quintanarroenses elegirán a su próximo Gobernador: 665 mil 574 mujeres y 679 mil 599 mil varones figuran en el listado nominal para votar, con el antecedente de un abstencionismo que ronda en 46%.

Si prevaleciera esta renuencia a ejercer el derecho al sufragio habida en la elección a Gobernador de 2016, estaríamos hablando de que casi 721 mil electores formarían el jurado que definirá el camino a seguir de 2022 a 2028 en esa entidad del Caribe mexicano, enterrada en lo más profundo de la corrupción, el endeudamiento, la inseguridad y violencia de cárteles de la droga, así como el despojo de tierras en la Riviera Maya y la discusión sobre si es mejor continuar o interrumpir el tramo Cancún-Tulum del Tren Maya.

Estamos hablando también de la probabilidad de que 614 mil electores se queden en sus casas o prefieran organizar un pícnic o ir a alguna playa a pasar el día, en vez de acudir a su casilla a sufragar por alguna de las siguientes opciones impresas ya en las boletas electorales:

  • Josué Nivardo Mena Villanueva (Movimiento Auténtico Social)
  • Laura Lynn Fernández Piña (Coalición “Va por Quintana Roo”, conformada por PAN, PRD y Confianza por Quintana Roo)
  • Leslie Angelina Hendricks Rubio (PRI)
  • María Elena Hermelinda –conocida como “Mara”–Lezama Espinosa (Coalición “Juntos Hacemos Historia en Quintana Roo”, compuesta por los partidos Verde, Morena, del Trabajo y Fuerza por México)
  • José Luis Pech Várguez (Movimiento Ciudadano)

La lucha por la gubernatura transcurre, sin embargo, entre la lógica y lo impredecible, entre lo probable y lo improbable.

Acusaciones recíprocas de corrupción (de prebendas, negocios y saqueos al amparo del poder municipal) y compra de votos son celofán que envuelve también la disputa por la gubernatura, sobre todo por parte de las señaladas punteras de la competencia, las abanderadas de las Coaliciones “Va por Quintana Roo” y “Juntos Hacemos Historia en Quintana Roo”.

Mientras tanto, el candidato de Movimiento Ciudadano, con pasado reciente morenista, ha endurecido mucho más su discurso contra “Mara” Lezama, a grado tal de describirla como narco-política, secundando aseveraciones de la abanderada blanquiazul-solaztequista, señalada de lo mismo en la guerra de lodo que ha encontrado su mejor caja de resonancia en redes sociales como Facebook y Twitter.

Adentrándonos en la competencia política, la lógica concede el triunfo a Mara Lezama por el factor Morena, la marca que está patrocinando su candidatura por el partido Verde, con un par de coaligados más, el PT y Fuerza por México.

Tan sólo el capital de Morena puede representarle a Mara Lezama los 165 mil 695 votos que, según el PREP de los comicios municipales en 2021, recogió en todo Quintana Roo.

Según esa misma fuente, Fuerza por México podría aportarle más votos que el Verde el domingo próximo, pues en 2021 el primero cosechó 56 mil 369 sufragios en las elecciones a presidentes municipales en todo el Estado –37 mil 876 de ellos en Benito Juárez–, contra únicamente 23 mil 635 del partido del Tucán.

El PT, por su lado, pudiera redituarle a “Mara” 15 mil 666 votos, de replicarse el referido patrón 2021.

Fue precisamente la marca Morena la que dio el triunfo a “Mara” Lezama en Benito Juárez el año pasado, al aportarle casi 67 mil sufragios. Los poco más de 14 mil que obtuvo a través del Verde y los poco más de 3 mil que logró a través del PT no le hubieran servido de nada para repetir en la presidencia municipal con sede en Cancún.

Lo que no puede ser adivinado es si esta fotografía ha cambiado en los últimos ocho meses.

Lo que tampoco puede ser predicho es qué tanto afectará a Mara Lezama circunstancias como las siguientes:

–La presunta operación a su favor por parte del mal visto gobernador Carlos Joaquín González, en un contexto en que el periodista José Luis Camacho Acevedo, del portal digital Quadratín, dio a conocer la contrariedad del PAN con aquél porque “sin recato alguno esté apoyando con todo” a “Mara” Lezama a través de Juan de la Luz Enríquez Kanfachi, Fernando Mora y Felipe Ornelas, jugando así en contra de la abanderada blanquiazul.

–La presunta “entrega” de Quintana Roo a Morena a cambio de impunidad a las cuentas de Carlos Joaquín González con un bono adicional, diplomático, según presunto arreglo del gobernante estatal con el Presidente Andrés Manuel López Obrador en noviembre del año pasado, cuando el Jefe de la Nación confirmó precisamente que lo había invitado a colaborar en su administración.

Mes y medio después, el domingo 30 de enero de este año, el connotado y leído columnista Roberto Rock L., del diario “El Universal”, consignó en un artículo publicado en ese medio de comunicación impreso y digital, con el encabezado “Carlos Joaquín: Legado oscuro”, que «Mara Lezama es la candidata del partido del presidente López Obrador, en un entorno de aparente transición pactada con intereses creados, hoy representados no solo por personajes cercanos a Joaquín González sino también al dirigente-propietario del Verde, Jorge Emilio González»

Tal transacción, se quiera o no, valida un gobierno que dentro de casi cuatro meses llegará a su fin marcado por la violencia y ataques armados a plena luz del día, en las mismas playas e, incluso, dentro de un complejo hotelero.

En 2016, cuando Carlos Joaquín González asumió la titularidad del Ejecutivo estatal, se registraron las tasas más bajas de delitos cometidos por cada 100 mil habitantes. En agosto de aquel año la tasa se fijó en 117.86 delitos, pero tres años después la cifra escaló hasta los 398.31 delitos por cada 100 mil habitantes, de acuerdo con datos del Observatorio Ciudadano de Seguridad y Género de Quintana Roo.

Los delitos de alto impacto, las extorsiones y los relacionados con el narcotráfico escalaron de manera exponencial hasta que la pandemia los frenó momentáneamente, lo que no ocurrió, sin embargo, con los delitos contra la mujer. Si en 2016 se abrieron 165 carpetas de investigación por homicidio doloso, para 2018, el año con el récord más alto, se iniciaron 763, un crecimiento de 262.4%, de acuerdo con datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP).

Por ello, suena lógico que el contrapeso para atenuar o inmunizar el daño que el presunto respaldo del desaprobado Carlos Joaquín González causa a “Mara” Lezama es el ex-gobernador Mario Ernesto Villanueva Madrid, quien en un principio manifestó públicamente su rechazo a la candidatura de aquélla y semanas después, tras un acuerdo político, dio marcha atrás.

El ex-mandatario estatal “es capaz de movilizar gente, incluso desde su domicilio”, comentó al portal digital Expansión Política la investigadora del Departamento de Estudios Políticos e Internacionales de la Universidad Autónoma de Quintana Roo (Uaqroo), Tania Caamal Cheluja, según una publicación de ese medio informativo de fecha jueves 21 de abril pasado.

Lo impredecible es el cómputo final de la votación del domingo próximo (5 de junio), que Mara Lezama le dará una “arrastrada” a la candidata del PAN-PRD, Laura Fernández, y más aún al ex-morenista que ahora es abanderado de Movimiento Ciudadano, José Luis Pech, como proyectan encuestas que pintan a la primera como huracán con categoría 4 y hasta 5, o que la blanquiazul-solaztequista se alzará con la victoria, como ilustran otras más –-son las menos, hay que puntualizar–, o que el senador ex-guinda con licencia pudiera despojar de su zapatilla a alguna de las bosquejadas como cenicientas.

Las encuestas en competencias políticas recrean en el “acarreo” de opinión el espejo mágico del hada maligna, y son utilizadas como instrumento deshonesto de publicidad, propaganda y desaliento en los seguidores de los rivales en una justa electoral.

De acuerdo con el político, escritor, profesor en español,  doctor en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid y presidente del Centro de Investigaciones Sociológicas en esa nación europea, José Félix Tezanos Tortajada, “algunas de las encuestas que se publican tienen truco por razones que se conectan directamente con el actual contexto preelectoral de mayor volatilidad y una mayor influenciabilidad de los votantes, en circunstancias políticas de creciente complejidad, que dan lugar, por ejemplo, a que cada vez más personas tiendan a votar por unos u otros partidos según más les conviene o les convence en cada momento. Para lo cual, las encuestas también pueden poner su granito de arena en la balanza decisoria”.

De la misma manera, investigaciones internacionales hacen constar que sólo en naciones con democracias relativamente estables, como Estados Unidos, los sondeos de opinión tienden a anticipar con razonable certidumbre el resultado de la elección.

Las encuestas funcionan y son creíbles —o sea, son el reflejo existente de una realidad determinada—, cuando se emplean como un método estadístico de interpretación y análisis, que no es el caso en el ámbito político-electoral, precisan.

A su vez, el analista de Forbes, Alfredo Paredes, expone en un artículo titulado “Encuestas y propaganda electoral” que “el miedo más grande para los políticos es verse hundidos en la falta de resultados, aplastados por la capacidad crítica ciudadana y la opinión pública desfavorable. Esos temores son una voz interna que los persigue y les quita el sueño, y aunque no tienen ética, saben que el destino los alcanzará. Los sondeos falsos y a modo no sirven de nada; este fantasma llega irremediablemente a las urnas, donde se materializa y los hace ver su suerte”, expone el analista de Forbes, Alfredo Paredes, en un artículo titulado “Encuestas y propaganda electoral”.

Para corroborarlo, remitámonos a las propias elecciones quintanarroenses para elegir Gobernador en 2016. Desde que arrancó la competencia y hasta días antes de la celebración de las votaciones, las encuestas sepultaron a priori la aspiración a la gubernatura de Carlos Joaquín González, pero éste resucitó en las urnas, ciertamente beneficiado por el conocido voto de castigo que pudiera repetirse por el hartazgo del grueso de habitantes al mal y desastroso gobierno de aquél.

Dirijámonos a Nuevo León, donde apenas el año pasado eligieron Gobernador. El candidato de Movimiento Ciudadano, Samuel García Sepúlveda, ganó solitario las elecciones a pesar de enfrentar al candidato del Estado, de su antecesor Jaime “El Bronco” Rodríguez Calderón, (Adrián de la Garza), y a la morenista Clara Luz Flores, en coalición con los partidos Verde, PT y Nueva Alianza. García llegó a las votaciones bajo un virtual empate técnico, luego de verse desfavorecido por las encuestas.

Saltemos a Chihuahua, gobernada desde el año pasado por Maru Campos, que como candidata del PAN-PRD se impuso al abanderado de Morena, Juan Carlos Loera, y también a las propias encuestas que cada vez se hunden más en la desacreditación en el país e incluso en muchas más naciones latinoamericanas por sus resultados engañosos.

El que Laura Fernández replique casos como los descritos, o que José Luis Pech dé la campanada electoral, depende de algunas particularidades:

Que ambos tengan ya de su lado a los indecisos, pero sobre todo que animen a ir a votar a su favor a cuando menos el 35% o 45% de los más de 600 mil electores que faltarían el domingo entrante a su cita con las urnas, de prevalecer el patrón de abstencionismo de las elecciones de 2016.

Si cobrara vigencia la elección municipal del año pasado, Laura Fernández pudiera pensar que tiene de su lado los más de 112 mil votos que levantaron el PAN, PRD y Confianza por Quintana Roo en todo el Estado, pero requeriría de poco más de unos 150 mil para superar apuradamente los poco más de 261 mil que contabilizaron juntos Morena y los partidos Verde, del Trabajo y Fuerza por México.

En cambio, bajo la misma hipótesis, José Luis Pech la tiene más difícil, pues Convergencia recolectó con apuros poco más de 28 mil votos en 2021 en todo Quintana Roo. Por tanto, tendría que convertir en bailadores naranjas a unos 255 mil electores para pensar en ser Gobernador.

De darse el voto cruzado de Amlovers del que ya se habla en estructuras de colonias de Morena, inconformes con el cuestionado método de selección de candidato que culminó con la alianza guinda y aliados con el partido Verde, José Luis Pech pudiera rebasar los 65 mil 367 que morenistas le abonaron en 2016, cuando fue su candidato a Gobernador.

La presunción de que José Luis Pech le restará algunos, cientos o miles de votos a Morena no suena ilógico.

 Que se dé una combinación en caso de presentarse un voto de castigo al perjudicial e ínfimo gobierno de Carlos Joaquín González, semejante al de hace seis años. O sea, que Laura Fernández salga ilesa del mismo junto por representar las siglas PAN-PRD, por las que compitió y triunfó en ese entonces el ahora mandatario en vías de extinción con un total de 263 mil 793 sufragios, y el electorado traslade la factura a Morena por asociarse con la maquinaria del Estado, tras el mentado arreglo del Presidente López Obrador con el gobernante quintanarroense que el 26 de septiembre próximo entregará el poder.

Entonces, el río se revolvería y José Luis Pech obtendría también alguna ganancia de pescador.

Qué tan hondo caló en el electorado durante su recorrido proselitista por la geografía estatal, lo que aplica para el propio José Luis Pech e igualmente para Mara Lezama.

Entre lo probable e improbable se ubican los otros dos candidatos a la gubernatura: La priísta Leslie Hendricks y Nivardo Mena (MAS). Una y otra tienen las más altas probabilidades de no gobernar Quintana Roo, no al menos por ahora. Los momios aluden la improbabilidad de que lleguen a la meta, pues aceptaron ir a la guerra sin fusil, sobre todo la primera, que de no llegar a la meta en esta aventura será por culpa, primero, de la equivocada estrategia del líder nacional tricolor, “Alito” Moreno, y, segundo, de lo desgastado que está su instituto político.

El impacto que puede tener en el electorado la desgastante guerra de lodo y la denuncia de presuntas corruptelas es otro factor que no puede echarse en saco roto.

Las probables consecuencias en el electorado pueden ser lo mismo el desánimo que un deseo de hacer más notorio el coto de castigo, máxime que llegara a darse en el periodo de tregua –del jueves 2 al s´bado 4 de junio—alguna manifestación trágica del crimen organizado.

No hay que olvidar, por cierto, las condiciones climáticas que determinan el nivel de participación en un proceso electoral, y el domingo 5 de junio se “dibuja” con lluvias que pueden ser intensas y preludio de una depresión o tormenta tropical.

Lo real lo sabremos ya el próximo domingo, sin dejar de recordar, como aconseja un segundo analista político de Forbes, Jorge Iván Domínguez, que las elecciones son procesos emocionales más que racionales, por lo que en política, como en la vida, es importante tener en cuenta que el sentido común y la intuición juegan un papel fundamental en estos fenómenos comunicacionales, aunque en la actualidad pareciera que el sentido común es el menos común de los sentidos.

Quintana Roo, México

1 de Junio de 2022



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