Del Gobierno, por estar quitando dinero a dependencias para que AMLO financie proyectos propios: Diferencias

POR MACARIO SCHETTINO

Al cierre de 2019, hay dos certezas con respecto al gobierno de México. Por un lado, es clara su intención de concentrar todo el poder en una sola persona, Andrés Manuel López Obrador; por otro, es igualmente evidente la supina incompetencia de la administración pública. Salvo que ocurriese un milagro, que no abundan, esto mismo debería marcar los próximos años.

La concentración del poder ha hecho pensar a algunos que se trata de una recuperación del sistema de gobierno en el que vivimos durante el siglo XX. No es así. El régimen construido por Lázaro Cárdenas contaba con sectores corporativos que tenían un instrumento electoral (el PRI), y que daban poder y limitaban al Presidente. Éste era, como decía Cosío Villegas, una especie de monarca, siempre y cuando se mantuviese dentro de los límites del sistema: no podía haber reelección, no había espacio para la sucesión hereditaria (familiar o política), etc.

Otros creen que se trata más bien de lo que hizo Hugo Chávez en Venezuela, concentrando en su persona todo el poder político. Tal vez, pero aquí faltan un par de cosas que le permitieron a Chávez el éxito: Dinero en abundancia y control absoluto de las Fuerzas Armadas. Así que tampoco este camino parece fácil.

 Las genuflexiones frente a Trump creo que son más que evidentes y no requieren comentario. La relación con las Fuerzas Armadas, en cambio, es mucho más compleja, porque el Presidente sigue siendo el comandante supremo y se le debe obediencia. Pero cuando el comandante desprecia a su contingente, las órdenes se vuelven lentas y confusas. Y pueden llegar a ser malinterpretadas.

La otra característica, la incompetencia, puede de hecho impedir el éxito de la primera, la concentración de poder. Los golpes innecesarios a la economía ponen en riesgo la estrategia. Pero no debería sorprender, López Obrador no tiene visión estratégica ni mucha capacidad. Su triunfo se debe a la tozudez, al entorno liberal global y a la necesidad de impunidad del anterior presidente. Ni es inteligente ni estratega.

La cancelación del aeropuerto, el freno a la reforma energética, el ataque continuo a empresarios e inversionistas, ha dado como resultado una economía estancada. En las condiciones paupérrimas del erario, esto significa que no hay recursos adicionales, y la única forma de impulsar proyectos propios es quitando dinero a otras dependencias. Eso han hecho, a un extremo que pone en peligro la operación diaria de la administración pública. A cambio, están entregando las becas a “Jóvenes Construyendo el Futuro”, pero tienen problemas en otros programas. Siguen adelante con la refinería, el Tren Maya y el aeropuerto, a un ritmo que asegura que para 2021 no habrá nada que celebrar.

Creo que en 2020 asistiremos a una carrera contra el tiempo: ¿se puede lograr la concentración “irreversible” del poder antes de que la economía falle? A favor, el gobierno tiene una oposición débil y dispersa, una población que lo sigue respaldando y una economía estancada, pero sin contracción. En contra, el rápido deterioro de las cuentas públicas (que pueden detonar la pérdida de grado de inversión), un ciclo manufacturero en etapa negativa y la consabida incompetencia, que no debe menospreciarse.

En esta carrera, los desfiguros del T-MEC pueden sumarse a las desventajas. En lugar de ser una fuente de confianza para inversionistas extranjeros, los eventos de los últimos días podrían sumarse a las dudas previas y posponer decisiones de inversión unos meses más. Otra vez, como es una carrera, esos meses cuentan mucho.

Lo malo de apostar al tiempo es que ocurren imprevistos, casi siempre negativos. Lo hizo Salinas al cierre del sexenio, y perdió. Ahora lo hacen desde el principio. No suena atractivo.— (Tema de la columna “Fuera de la caja”, publicado en la web del diario “El Financiero”, de CDMX, con el encabezado “Contra el tiempo” – 17/XII/2019)