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Melodías de música norteña y la playera del Deportivo Diablos Rojos de Toluca, que milita en la máxima categoría del fútbol mexicano, enmarcaron el último adiós a dos de las 25 víctimas del colapso fatal en la Línea 12 del Metro de Ciudad de México, el pasado lunes por la noche. Sendos casos atrajeron la atención de los mexicanos porque cámaras y lentes de televisoras y periódicos del centro del país captaron a la madre de un menor de edad, Brandon Giovanny Hernández Tapia, de 13 años, y al padre del joven Immer del Águila Pineda, de 29, cuando durante la madrugada del martes recorrían hospitales capitalinos, aferrados a la esperanza de hallar heridos pero con vida a sus seres queridos.

Sin embargo, no fue así, la ilusión de Marisol Tapia, madre de Brandon, y Samuel del Águila, padre de Immer, por dar con vida con uno y otro se desvanecieron en la Coordinación Territorial IZT-6 (de Iztapalapa), a donde fueron llamados para reconocer los cuerpos de sus respectivos retoños.

Este miércoles, Brandon Giovanny fue despedido con música norteña en el Panteón de San Lorenzo Tezonco, a unos 500 metros de donde ocurrió la desgracia.

Su mamá, Marisol Tapia, le dijo las últimas palabras a su “niño” y luego la caja blanca fue bajada a la fosa para despedirlo.

Sus restos fueron enterrados.

La tumba fue cubierta con las flores blancas que los familiares y amigos le llevaron al pequeño.

Niños, adolescentes y adultos sintieron la pérdida del menor, quien murió durante el desplome de una trabe y un convoy de la Línea 12 del Metro, en la Alcaldía Tláhuac, el lunes pasado.

El velorio del menor fue en la Colonia Zapotitla, y su madre, “shockeada”, se resistía a creer que lo tenía frente a ella sin vida.

Tras un día de una imparable búsqueda, Marisol y familiares, lloraron frente a la caja blanca en la que fue sepultado Brandon, que fue alcanzado por la tragedia cuando regresaba de comprar un obsequio para su madre con motivo del próximo 10 de Mayo

Encima de la caja pusieron una fotografía de cuando era un niño y en la que se mostraba sonriente.

Estuvo rodeado de flores blancas y una corona de sus amigos.

“Siempre te recordaremos. Tus amigos y jarritos”, se leía en una de las coronas.

“Te amo bebé, te amo”, le susurraba a Brandon, Marisol mientras lloraba.

Paralelamente al velorio de Brandon Geovanny, el de Immer del Águila Pineda atrajo la atención de los presentes cuando fue entregada una corona de flores, a la que acompañaba una playera del club Toluca con el nombre del malogrado joven en el dorso de la vestimenta,

El remitente era nada más ni nada menos que uno de los históricos del club toluqueño, el ahora director técnico, el argentino Hernán Cristante. El detalle no pasó desapercibido para sus hijas, Gianna y Agustina, quienes estuvieron solidariamente pendientes de la familia de Immer, que trabajaba en la Aduana del Aeropuerto Internacional y era un fiel seguidor de los Diablos Rojos.

“Vuelta alto”, escribió Agustina Cristante, mientras que su hermana Gianna hizo lo propio, demandando justicia:“Hasta que se haga justicia”.

Una sobrina de Immer, Pame del Águila, agradeció a Cristante, a su familia y al Club Toluca el gesto tan humanitario y sus muestras de solidaridad en momentos tan difíciles.

“No hay palabras para tan lindo gesto, de corazón, y a nombre de mis tíos, primos y de mi familia, gracias Gianna Cristante, a tu papi, y a todo el club”, posteó Pame en redes sociales.

La cuenta de Twitter @TolucaFCdatos participó a la afición del deceso de Immer en la tragedia del Metro.

Immer tenía 7 años trabajando en la Aduana del AICM, y todos los días utilizaba la línea 12 para trasladarse a su trabajo y a su casa, ya que vivía en San Andrés Mixquic, en Tláhuac.

La noche del lunes un compañero de trabajo le dio un aventón a la estación Tezonco, donde abordó el tren que se desplomó.

El hijo de Samuel Del Aguila se dirigía a casa cuando su familia vio las primeras noticias sobre un accidente mortal en el tren del metro.

Cuando Immer, de 29 años, no llegó a casa a la hora habitual, su familia comenzó a preocuparse y comenzó a llamar a su teléfono repetidamente.

Horas más tarde, finalmente hubo una respuesta, pero la voz del otro lado no era Immer.

“Encontraron su teléfono celular”, dijo Del Aguila. El extraño en la línea no conocía a Immer, su paradero o si estaba herido.

Del Aguila, de 70 años, y otros miembros de la familia buscaron a Immer en hospitales cercanos pero no lo encontraron. Con el corazón apesadumbrado, finalmente se dirigieron a la oficina del fiscal, donde los cuerpos de las víctimas del accidente de tren habían sido transportados y preparados para lo peor.

“Nos dijeron que viniéramos aquí para ver si estaba con los que no sobrevivieron. Y lamentablemente sí”, dijo Del Águila, sollozando suavemente.

Sus familiares emprendieron la búsqueda del joven, luego de enterarse de la tragedia y horas más tarde lo encontraron en el anfiteatro de Iztapalapa.

Las familia del menor Brandon Giovanny y del joven Immer Del Águila y Hernández Tapia fueron una de las muchas que soportaron búsquedas agonizantes y largas esperas para obtener información sobre sus seres queridos después de la tragedia. Ahora, en el dolor de la inapelable resignación, los deudos y amigos de fallecidos nada más piden justicia.

Los familiares de las víctimas parados frente a los hospitales de la ciudad y la oficina del fiscal describieron una noche de caos y miedo mientras intentaban desesperadamente contactar a los familiares que habían estado en el tren. Algunos seguían desaparecidos el miércoles por la tarde.

Jorge Hernández (fotografía de arriba) también se enteró de que su sobrino Daniel, de 28 años, resultó gravemente herido en el accidente cuando una mujer que no conocía llamó desde su teléfono.

“Una señora encontró su teléfono … y fue la señora quien se comunicó con mi hermano anoche”, dijo Hernández.

Daniel se sometió a una cirugía abdominal y luego fue trasladado en helicóptero a otro hospital, todo mientras Hernández y otros familiares suplicaron información sobre su paradero.

“No es el momento para esta burocracia”, dijo Hernández.

Muchos culparon a la construcción de mala calidad y la corrupción política por el colapso, citó la agencia de noticias española Reuters.

El paso elevado que se derrumbó era parte de la Línea 12, una adición a la red de metro que se terminó hace menos de una década y estuvo plagada de acusaciones de debilidad estructural durante mucho tiempo.

“Estamos acostumbrados, tristemente. Los políticos están acostumbrados a invertir el 35% y robar el 65%. Es triste ver cómo se roban el dinero”, dijo Hernández.- (Compilación de Nuestra Redacción con información de Noticieros de Radio y Televisión de Ciudad de México, los periódicos “La Prensa de Monclova” (Coahuila) y “Los Ángeles Times” (de Estados Unidos), así como de Agencias)

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| HECHO DIGITAL | CDMX | 6 – MAYO – 2021 |


 

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