Uno de los ejemplos, en EU con el Presidente Donald Trump: Recurso utilizado no para gobernar sino para preservarse en el poder

POR JAVIER LIVAS

A medida que nos damos cuenta del valor de la buena información, aplicar las reglas de la democracia basadas en la mayoría simple se vuelve difícil de justificar. O sea, los gobiernos basados en mayorías simples son en estos tiempos una solución riesgosa y hasta peligrosa, le dan el mando a una chusma iletrada. Y de ese pozo no saldremos.

Puedo poner dos ejemplos del fracaso de la democracia basada en mayorías. La alternativa que propongo serían los consensos basados en inteligencia colectiva. Sin embargo, mientras no cambiemos las leyes, la democracia tradicional se volverá cada vez más riesgosa y hasta destructiva.

En Estados Unidos, el juicio de Donald Trump es un ejemplo de cómo las opiniones mayoritarias influyen en el actuar de senadores y representantes. Por ejemplo, encuestas dicen que setenta y cinco por ciento de los americanos querían que se citaran nuevos testigos en el juicio contra Trump.

Sin embargo, los encuestados ignoran los preceptos constitucionales sobre el juicio político. La acusación debió morir sin más trámites. Se le dio veracidad a testigos de oídas. Nunca hubo testigos ni abogados de Trump en las investigaciones. Se violaron formalidades. Las anomalías y defectos abundaron por una chamba mal hecha. Sin embargo, una mayoría se creía que todo iba todo perfecto. Quedará absuelto, pero manchado por la duda sembrada por el falso proceso.

En el caso de México, Andrés logró armar una mayoría para ganar la Presidencia. Esa mayoría lo sigue apoyando ciegamente, pero eso no valida la forma en que está gobernando. A media semana sufría la disfuncionalidad del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México y pensar que se va a preservar me llena de rabia e impotencia.

Mi punto, sin embargo, no es emocional sino técnico. Las “mayorías” no pueden resolver problemas complejos, y son lentas para aprender. Esta combinación es fatal porque quedan obligadas a delegar su poder en diputados y senadores que saben que pueden actuar totalmente a su antojo sin temor de ser destronados. Se dedican, no a gobernar porque tampoco saben hacerlo, sino a buscar la forma de preservarse en el poder.

A medida que la vida se hace más compleja, la capacidad de las mayorías para encontrar soluciones que requieren inteligencia sofisticada se reduce a cero. Existe una ley de control que dice que el regulador se tiene que parecer al sistema que pretende controlar. Si el problema es complejo, el regulador tiene que ser también igual de complejo. Claramente esto no sucede actualmente con un Congreso Federal pesado y bromoso. Cada día vamos peor.

Ante la vida compleja, las elecciones deberían contener filtros para escoger a los más capaces, no a los más caritas o populares. Peor aún, las chusmas participan en un proceso electoral que está viciado por quienes reparten lonches y favores para comprar votos. Por lo general, esos “favores” incluyen repartir lo ajeno, desde dinero de los impuestos, electricidad gratis, hasta concesiones de uso de vía pública incluyendo banquetas y parques.

Podemos alegar que la soberanía reside en el pueblo y que ésta ya escogió la forma de gobernarse y que es a través de elecciones y democracia representativa. Pero este alegato no nos va a resolver la crisis de gobernabilidad tan aguda que estamos sufriendo. Hacemos poco, lento y mal hecho.

Las “mayorías” siguen tranquilas y parecen confiar en que Andrés nos va a sacar adelante. Claro, las soluciones siempre están a la vuelta de la esquina, un poquito más delante.

México requiere, necesita, le urge un cambio que la 4T no tiene ni siquiera la capacidad de imaginar. Y si las acciones presidenciales siguen con la vista puesta y enfocada en lo que las “mayorías” quieren, éstas mayorías serán las mayormente afectadas con el gran fracaso que nos está esperando. A ver, a como vamos: ¿qué es más probable, un crecimiento económico vertiginoso o una continuación de una economía estancada? La respuesta es obvia y no depende de que una mayoría lo crea.— (Artículo publicado en la web del periódico “Vanguardia”, de Coahuila, con el encabezado “La chusma manda” – 1/II/2020)