¿Por qué el Gobierno lo defiende como lo ha hecho? Hay varias explicaciones, la formalista, la conspirativa y la de señalización

POR CARLOS BRAVO REGIDOR

Parece inexplicable. El candidato que convirtió el agravio contra la corrupción en el principal motor de su ascenso a Palacio Nacional, el líder opositor que construyó su reputación denunciando las prácticas mafiosas de la clase gobernante, es ahora el Presidente que defiende a uno de los personajes más turbios de los estertores del viejo sistema político mexicano: Manuel Bartlett. No ahondo en la decisión de nombrarlo director de la Comisión Federal de Electricidad, tampoco en los señalamientos que pesan en su contra a propósito de los casos de Manuel Buendía y Enrique “Kiki” Camarena, del fraude electoral de 1988, ni en el abultado desprestigio que el personaje ha acumulado a lo largo de su carrera política . Me enfoco solamente en las revelaciones del reportaje “Bartlett Bienes Raíces” y en la reacción del gobierno lopezobradorista. ¿Por qué lo defienden como lo han defendido?

Una posible solución sería la formalista. Que lo defienden porque la investigación de la Secretaría de la Función Pública no encontró irregularidades. Esa explicación, sin embargo, tiene varios problemas.

Uno es que dicha investigación se planteó en términos muy restringidos y dejó varios cabos sueltos , fue “sesgada y poco exhaustiva” ; en fin, que claramente se hizo más con el afán de exonerar al funcionario que de indagar a cabalidad los orígenes de su fortuna y la de su entorno inmediato. Otro problema es que el propio Presidente de la República desestimó los hallazgos del reportaje al día siguiente de su publicación, como si no tuviera necesidad de conocer los resultados de la pesquisa de la SFP antes de emitir su opinión (y al hacerlo, como argumentaré más adelante, enviar una evidente señal política). Y, por último, está el hecho de que López Obrador pidió que le “taparan la boca” con pruebas contra Bartlett , al tiempo que recordó que cuando era opositor él siempre probó sus acusaciones… pero en su libro Entre la historia y la esperanza, publicado en 1995, López Obrador acusó a Bartlett de enriquecerse ilícitamente a costa del erario . La solución formalista, en pocas palabras, resulta alicorta e insuficiente.

Otra respuesta es la conspirativa. Que Bartlett “le sabe algo” oscuro a López Obrador, o que López Obrador “le debe algo” inconfesable a Bartlett, y por eso está dispuesto a asumir el costo de defenderlo, aunque le reste credibilidad a su discurso anticorrupción y a su lema aquel de que “no somos iguales”. Se trata de una especulación que puede ser entretenida, sin duda, pero que resulta prácticamente imposible de corroborar. Es lo que pasa siempre con las teorías de la conspiración: resuelven en el terreno de la fantasía lo que no pueden sustanciar con información verificable.

Por último, está la hipótesis de lo que las ciencias sociales denominan “señalización” (signalling). La defensa de Bartlett sería, en ese sentido, una señal sobre el valor de la lealtad para la coalición lopezobradorista: En la medida que Bartlett se sumó al proyecto del Presidente y le ha sido fiel, el Presidente está dispuesto a corresponderle protegiéndolo de las acusaciones en su contra. Para efectos de la señalización, es irrelevante si dichas acusaciones tienen o no fundamento. Lo fundamental, más bien, es que la señal se transmita con eficacia y cohesione a la coalición para generalizar la defensa de Bartlett no como un asunto de legalidad o de principios sino de identidad política. Los nuestros no son, no pueden ser, corruptos, porque están “del lado correcto de la historia”, “apoyan al pueblo”, son “nacionalistas”. La corrupción son los otros: los que nos quieren perjudicar, nos atacan, los que no ofrecen “pruebas”, etcétera. En el fondo, el mensaje es que da igual si Bartlett es corrupto o no, porque lo importante es de qué lado se ubica cada quién: con nosotros o en nuestra contra.— (Artículo tomado del portal de la revista Expansión, de CDMX – 24/XII/2019)