Un peligroso optimismo se observa en Quintana Roo y una obvia desesperación de las autoridades por volver a los meses dorados de una industria sin chimeneas que dejó carretadas de dólares para todos, incluidos, claro está, los Gobiernos Federal, del Estado y de municipios líderes en la captación de visitantes, como  Benito Juárez, cuya capital es Cancún, y Solidaridad, cuya capital es Playa del Carmen.

Esto, claro está, hasta antes de que la pandemia obligara a reducir al mínimo las actividades en este polo turístico por excelencia.

Desde luego, también se llevan una tajada, aunque menor, Lázaro Cárdenas –donde está enclavado Holbox–, Cozumel, Isla Mujeres, Puerto Morelos, Tulum y hasta Bacalar y la Costa Maya, con Mahahual y XCalak a la cabeza.

Y de refilón le toca su porción. más modesta quizás, a  Yucatán con Chichén Itzá y Mérida, que suele recibir ocasionalmente a turistas europeos que primero visitan Quintana Roo.

Hablamos de un peligroso optimismo porque las autoridades, con el pretexto de que Quintana Roo ya regresó al “semáforo amarillo”, se está preparando para abrir de par en par las puertas a los “spring breakers”, que podrían jugar el papel de los “caballos de Troya” en la historia.

De echo, balnearios del Caribe mexicano englobados en la Riviera Maya ya empezaron a recibir a los primeros de los cerca de 20 mil que se estiman disfrutarán de sus vacaciones primaverales, sin importarles el Covid 19 y, lo que es peor, sin respetarlo.

Al tocar a las puertas el momento de los spring breakers, la cadena de televisión estadounidense CBS realizó un sondeo entre algunos de ellos sobre la intromisión de la pandemia en sus vacaciones Entre los testimonios que recogió destaca uno escalofriante por parte de un mozalbete.

  • “Si me da coronavirus, que me de coronavirus. Al final del día no voy a dejar que eso me detenga de seguir la fiesta”, dijo el adolescente.

  • “Acabo de cumplir 21 años, así que estoy aquí para la fiesta”, arengaba por su lado una joven identificada como Shelby. Y entre risas, como si el virus fuera una leve gripe, añadió:“Todo es decepcionante pero estamos intentando sacar lo mejor de este Spring Break. Encontramos a unas personas en nuestro Airbnb y tratamos de ponernos lo más borrachos posibles antes de que todo cierre”

El perfil generalizado de los spring breakers ilusta su grado de irresponsabilidad, de su importamadrismo a la vida que los convierte en potenciales jinetes de la muerte.

O sea, que el arribo masivo de estos “desmadrosos” visitantes equivale a meter al enemigo en casa, o mejor dicho, volver a meterlo, con el riesgo de un repunte de la pandemia.

En el tuit de este usuario se lee literalmente lo siguiente: “Muchos gringos siempre han visto a México como su patio de recreo barato sin consecuencias para ellos. Las vacaciones de primavera son un desastre en Cancún, por ejemplo. Lamentablemente, México depende en gran medida del turismo, por lo que los trabajadores de la hostelería toleran la mierda de los estadounidenses porque necesitan ganarse la vida.”

La presidenta municipal de Cancún, Mara Lezama, recuerda en su cuenta de twitter que el próximo lunes 22 de febrero “en Cancún, regresamos a color amarillo en el semáforo epidemiológico estatal”.

Como siempre, se agregan las promesas del político promedio, aconsejando que “no bajes la guardia”, que manejes como “escudos” permanentes” el lavado constante de manos, el uso correcto del cubrebocas y mantener siempre la sana distancia.

El anuncio del retorno de Cancún al semáforo amarillo no fue del agrado del grueso de los cancunenses.

Si la munícipe con pretensiones de reelección pensó que la noticia le merecería aplausos, el tiro le salió por la culata, tanto así que le llovieron críticas en su milpita.

La reacción más amable hacia ella en redes sociales fue de una usuaria que se identifica en Twitter como Claudia (@aishablue30), quien le cuestionó del siguiente modo: “Con todo respeto es irresponsable. En menos de 24 hrs mágicamente pasamos a amarillo. A ver en 15 dias el num de contagios.”

Sin embargo, no basta con eso si las autoridades quintanarroenses, y también las yucatecas, no toman medidas adicionales y establecen controles para que esa prevista corriente masiva de visitantes no vaya a provocar un repunte en los contagios, en la Península de Yucatán.

Hay que poner en vigor medidas más drásticas, como pruebas obligatorias anti Covid a todos los visitantes en los aeropuertos de Quintana Roo, incluidos los vuelos privados que seguramente llegarán por centenares a Cancún durante las vacaciones primaverales en Estados Unidos.

A su vez, sería bueno que los hoteleros pusieran su granito de arena, impidiendo las tradicionales “orgías” juveniles en las playas y las calles más céntricas de Cancún, Playa del Carmen y los demás sitios turísticos, y realizando una vigilancia más acuciosa de los visitantes a fin de detectar potenciales asintomáticos o personas que contraigan el Covid en Quintana Roo.

Sería suicida si, como ha pasado otras veces, se dejan abiertas de par en par las puertas de la entidad quintanarroense a turistas “desmadrosos” que llevan en los genes las semillas del Covid.

Y sostenemos esto último porque los excesos –en el caso de las adicciones— provocan en los jóvenes y hombres maduros daños en los pulmones y el sistema inmunológico, blancos ideales del Covid 19 para sumar víctimas letales.

Esto, desde luego, con las honrosas excepciones de la regla y las disculpas a una juventud minoritaria alejada del frenesí y de los excesos.

No se trata de discriminar ni de poner en peligro a la gallina de los huevos de oro, sino de establecer un orden y controles adecuados para que esa maravillosa ave siga viviendo con cabal salud muchos años más.

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