Resulta escalofriante escuchar a todo un fiscal estatal, como el quintanarroense Oscar Montes de Oca, aceptar con cuánta impunidad actúan los grupos criminales en la entidad peninsular

Tanto en el caso de la cantina “La Malquerida”, en Tulum –donde dos mujeres turistas extranjeras resultaron muertas–   como en la balacera en la playa de exclusivo hotel de Puerto Morelos, escuchamos relatos parecidos del funcionario:

“Teníamos conocimiento de que (en el caso de “La Malquerida”) había venta de drogas”.

En el caso de Puerto Morelos, el fiscal dijo que los infractores de la ley se presentaron en el hotel y dijeron que ellos serían los encargados de vender drogas a los turistas.

La pregunta obligada es, ¿entonces, qué hace la Fiscalía como instancia encargada de procurar justicia, y las policías en su tarea de impedir ilícitos?

Este cinismo inaudito de “apadrinar” a los criminales sirve para comprobar cuán deteriorada está la imagen de un Gobierno estatal en sus tareas de procuración de justicia.

Es comprensible, pues, concluir por qué el crimen ha avanzado tanto en Quintana Roo, particularmente en sus importantes destinos turísticos encabezados por Cancún y su capital, Chetumal.

Y es motivo de honda preocupación deducir que el crimen organizado se encuentra enraizado en la misma entraña del poder político en Q. Roo.

Así pues, sería triste descubrir con el tiempo que una buena parte de los millones de turistas que visitan cada año la entidad lo hacen no para disfrutar de sus maravillas naturales sino para embrutecerse consumiendo drogas cada vez más peligrosas.

Se trata, desde luego, de una atrevida conclusión, la cual debería ser confirmada por una profunda autocritica.

No hay que olvidar que los criminales tienen con dolorosas excepciones un lugar en la historia, que es el basurero, pero la autoridad nunca puede permitir que invadan el ámbito legal.-


| HECHO DIGITAL | CIUDAD DE MÉXICO | 4 – NOVIEMBRE – 2021 |