¿Hasta qué grado un magnate tiene posibilidades reales de conquistar una candidatura?: Los casos de Bloomberg y Steyer

JOSÉ CARREÑO FIGUERAS

Los analistas políticos asisten ahora al insólito espectáculo de dos multimillonarios que con carteras abiertas y gastos que parecen ilimitados tratan de forzar su ingreso en la campaña presidencial estadounidense.

Las campañas de Michael Bloomberg, el ex alcalde de Nueva York y propietario del epónimo servicio de información, y de Tom Steyer, un financiero, se basan por lo pronto en su capacidad para contratar activistas y comprar publicidad previa al ya inminente proceso de elecciones primarias para la selección del candidato.

De acuerdo con la prensa especializada, Bloomberg invirtió ya al menos 120 millones de dólares en publicidad por televisión y en redes digitales en las últimas tres semanas.

En ese mismo lapso, Steyer habría invertido tanto como 83 millones de dólares en los mismos conceptos.

 Bloomberg tiene una fortuna estimada en 54 mil millones de dólares; Steyer en mil 600 millones.

Los dos multimillonarios compiten con sólidos políticos tradicionales, como el ex vicepresidente Joseph Biden o los senadores Bernie Sanders y Elizabeth Warren, entre otros, que tienen carreras de décadas o años en el foro público y meses desde que declararon sus intenciones. En contraste, Bloomberg no se decidió a buscar la candidatura sino hasta hace un mes, tal vez como reflejo de la ausencia de un candidato dominante entre los demócratas.

 Las campañas de Bloomberg y Steyer tienen, sin embargo, otras implicaciones. ¿Hasta que grado un multimillonario tiene posibilidades reales de conquistar la candidatura de alguno de los partidos?

Tradicionalmente la respuesta hubiera sido ninguna, o muy poca. De hecho, la noción de un empresario muy rico que busque la Casa Blanca y para ello pague su propia campaña no es nueva; el caso más reciente fue Ross Perot, en 1992 y 1996, que ofreció pagar “una campaña de clase mundial”, pero luego aceptó contribuciones del público y limitó sus gastos.

Esa no parece la situación de Bloomberg o de Steyer, que desarrollaron una campaña de saturación publicitaria como forma de hacer ruido entre votantes que llevan meses indecisos entre una variedad de candidatos. Lo cierto es que Bloomberg tiene la capacidad de financiar su propia campaña presidencial, aun por fuera del Partido Demócrata y sin recibir financiamiento de fondos gubernamentales.

Pero están por verse cuáles pudieran ser sus posibilidades de éxito sin recurrir al compromiso de los votantes, reflejado en contribuciones a las campañas electorales.

La participación política del público mediante donativos es considerada como un antídoto a la posibilidad de que alguien “compre” la Presidencia, una imagen que no puede escapar a Bloomberg o a Steyer y que, eventualmente, en caso de lograr la candidatura, probablemente los llevará a aceptar fórmulas más tradicionales de financiamiento, como ocurrió con Perot.— (Tema de la columna “Desde afuera”, publicada en la web del diario “El Heraldo de México”, de CDMX — 27/XII/2019)