POR EFRÉN VÁZQUEZ ESQUIVEL



El contagio de covid-19 de AMLO ha generado una andanada de mensajes de odio. En algunos hasta se desea la muerte del Presidente. Por ejemplo, el médico Diego Araiza Garaygordobil sugirió en su cuenta de Twitter que alguien le suministre un tratamiento, que él mismo indicó, para producirle una trombosis que lo llevaría a la muerte.

Terrorífico, y más tratándose de un médico integrante del Instituto Nacional de Cardiología. Hace recordar el holocausto en el que hombres de ciencia y profesionales de la salud estuvieron al servicio del Führer para exterminar a grupos sociales por motivos políticos, ideológicos, de raza, color de piel, religión, etcétera.

Teniendo en su contra las burlas e insultos de los opositores de la 4T, los comentarios de los cibernautas sobre el peligro que se avizora con la propagación de este tipo de mensajes no se hicieron esperar.

“Se recoge lo que se siembra”, fue uno de los mensajes más socorrido. Otros coinciden en que el Presidente es el que genera odio en las mañaneras, al fomentar la división entre mexicanos, ya que se la pasa criticando a los ex presidentes Peña Nieto, Felipe Calderón, Vicente Fox, Ernesto Zedillo y Carlos Salinas.

Un comentario que me parece interesante, porque coincide con la mayoría de las críticas dirigidas contra AMLO, dice así:

El diputado Gerardo Fernández Noroña (PT) ofreció una disculpa a la diputada Adriana Dávila Fernández (PAN) a quien insultó en octubre de 2019, aunque dijo que las expresiones vertidas entonces en el Congreso de Tlaxcala fueron coloquiales y que la referencia a la legisladora fue por los “insistentes vínculos con los grupos de trata de personas en Tlaxcala”. Después del mensaje del legislador, que se difundió por Youtube y Facebook, la diputada de Acción Nacional aceptó la disculpa porque cumple con la sentencia del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación

“No es algo nuevo, vemos ese lenguaje dirigido a muchos políticos y ex presidentes mexicanos (Peña, Calderón, Salinas). Es un lenguaje que se ha normalizado lamentablemente. Vean como ejemplo la sanción reciente a Noroña, porque dice que “le pasen información para meterle una chinga a una compañera diputada”.

Se refiere a Adriana Dávila, del PAN, quien por expresar en octubre de 2019 frente a un grupo de sus seguidores en Tlaxcala: “Me dicen que hay una diputada que fue senadora que fue vinculada a este tema (trata) y que ahora es compañera nuestra y es más bocona que la chingada; pásenme elementos para ponerle una chinga la próxima vez que abra la boca”. Por este hecho, Noroña fue denunciado y condenado por el TEPJF a disculparse públicamente.

Sin entrar al análisis de esta resolución, que no viene al caso, creo que no hay que confundir lo que es ser un lépero, es decir, hacer uso de un lenguaje vulgar (que injustamente se dice que es de los carretoneros) solo para llamar la atención como político, periodista o como profesor en el aula; otra cosa es el discurso del poder del Presidente que, como demostraré, su objetivo no es generar odio ni dividir al país; y otra cosa, muy distinta, es el discurso de odio.

El habla vulgar es en algunas regiones socialmente aceptada, tal es el caso de Alvarado, Veracruz, poblado en el que el saludo es una mentada de madre; puede ser también un modismo, o como dije, es simplemente una manera de llamar la atención.

El discurso de odio, en cambio, sea oral o escrito, vulgar o culto, es intolerante, excluyente, no inclusivo, rehúye al diálogo porque cree tener siempre la verdad y es impulsado, indefectiblemente, por la creencia en dogmas de superioridad ideológica y política. Su sustento no es otro más que el sentimiento (oculto o a flor de piel) de xenofobia y superioridad de raza; de ahí que, ¡del lenguaje de odio al fascismo hay un solo paso!

Por último, como todo poder, el poder del discurso del Presidente, el que sea, no solo el actual, siempre enfrenta una resistencia. Las derechas en México que por primera vez son oposición, al parecer no han advertido que el poder del Presidente, aunque convoque a la unidad, divide a la población. Esto es así porque, al existir diferentes formas de pensar, no existe en el mundo ninguna forma de dominación absoluta.

Y porque, con excepción de la época juarista en la que los privilegiados fueron al extranjero a buscar a un hombre de sangre azul para que nos gobernara, y del periodo de la Revolución de 1910, en el que la confrontación violenta puso a los poderosos contra la pared, nunca antes los grupos sociales más poderosos del país, que, desde luego, influyen hasta en algunos que viven en la pobreza, habían visto amenazados sus intereses con un Presidente dispuesto a separar al poder político del económica, acabar con la corrupción y por medios pacíficos crear un país más justo.

Hablar de lo que pasó, que es lo que se hace en las mañaneras —además de informar de lo más apremiante en el ejercicio del gobierno—, es parte del método del psicoanálisis para encontrar la cura; y no hay nada más odioso, para muchos que requieren de ese tratamiento, que el pasado los interpele y les muestre las evidencias de sus excesos.- (Tema de la columna “No hay derecho”, publicado por el periódico “Milenio”, de Ciudad de México, con el encabezado “El discurso de odio” / 29 – ENERO – 2021)

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