Pese a los anuncios de que no subirían: El aumento que mayor daño causará, sin duda, es el del ahorro

POR SERGIO SARMIENTO

En varias ocasiones el Presidente López Obrador ha declarado que no subirá ni creará impuestos. Pero si bien es verdad que no ha habido incrementos en renta o valor agregado, en 2020 habrá alzas en varios impuestos federales, mientras que los gobiernos estatales o municipales compensarán los recortes del gasto federal con nuevos gravámenes.

El aumento que mayor daño causará, sin duda, es el del ahorro. México tiene ya un ahorro insuficiente; el impuesto que se le cobra lo desincentiva, pero además es extraordinariamente injusto y regresivo.

La tasa de retención al ahorro aumentará 39% en 2020 para quienes tengan un ingreso superior a los 400 mil pesos anuales. Para quienes ganen menos, y no presenten declaración anual, el aumento será de 48 por ciento. La tasa llegará a 1.45% del capital ahorrado, contra 1.04% de 2018 y 0.46% de 2017. La retención la pueden compensar en su declaración anual los contribuyentes más prósperos, aunque un año después, lo que significa que el Gobierno jineteará su dinero; quienes tienen menores ingresos y no presenten declaración anual, sin embargo, no tendrán forma de compensar, por lo que el Gobierno simplemente se quedará con el dinero. Es un impuesto muy injusto, que afecta principalmente a los pobres y que castiga el ahorro que el Gobierno debería promover.

Cartón tomado del diario El Economista

Pero este no es el único aumento para 2020. Se elevarán también los llamados impuestos al “pecado”, que los moralistas justifican porque se aplican a conductas que consideran reprobables. Así, el impuesto a cada cigarrillo aumentará de 0.35 a 0.4944 pesos, 41.26%, mientras que el de los refrescos pasará de 1.17 a 1.2616 pesos por litro, 7.83 por ciento. Los activistas que han impulsado este último impuesto, con respaldo del multimillonario político estadounidense Michael Bloomberg, afirmaron que llevaría a una reducción del sobrepeso y la obesidad de los mexicanos, cosa que no ha ocurrido; el efecto ha sido simplemente recaudatorio y la carga ha caído principalmente sobre las familias de menores ingresos.

Algunos gobiernos locales también están aumentando impuestos, en parte para compensar los recortes en las transferencias federales. En la Ciudad de México, donde vivo, las autoridades han decidido crear nuevos gravámenes al pecado. Así, independientemente de los ya onerosos impuestos federales, ha establecido uno nuevo, de 10%, a los juegos de apuestas y otro de 4.5% a las bebidas alcohólicas, excluyendo la cerveza. El nuevo impuesto a las apuestas hará más difícil que los establecimientos formales en la Ciudad de México, como el Hipódromo de las Américas, puedan enfrentar la creciente competencia de las apuestas en línea, mientras que el de las bebidas alcohólicas promoverá la compra en otras entidades y elevará los daños a la salud por la venta en el mercado informal.

Las promesas de que no habría aumentos ni nuevos impuestos han resultado falsas, como vemos, pero lo peor de todo es que seguramente no será la última vez. El Gobierno ha presupuestado sus ingresos para 2020 sobre la base de que la economía crecerá 2% y la producción de petróleo crudo, 13 por ciento. Son cifras fantasiosas, particularmente la del petróleo. El régimen, por otra parte, ya no tendrá oportunidad de saquear el Fondo de Estabilización, como hizo en 2019, para compensar los ingresos que no obtenga. Parece inevitable así que en el futuro se anuncien nuevos y mayores impuestos.

¿Derecho de piso?

Primero el incendio del mercado de San Cosme, luego el de la Merced. No sería mala idea investigar las quejas de algunos de los locatarios que dicen que se les presiona para pagar derecho de piso.— (Artículo publicado en la web del diario “Zócalo”, de Saltillo – 27/XII/2019)